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    Pagano: (adj.). Del latín: paganus = "rústico", "del campo", "rural", por pagus = "aldea", "población campesina" -como el actual: “pago”, en español e italiano (“pueblo” o “aldea”). Es equivalente al término germánico "heathen" (cuya etimología es análoga). Palabra genérica para denominar a toda creencia ajena a las religiones abrahámicas (Judaísmo, Cristianismo e Islam), principalmente si tiene relación con el politeísmo, el panteísmo y el concepto de inmanencia. Leer más…

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    Testimonio de una lectora del blog, sobre su conversión al Paganismo y las dificultades familiares que esto trae consigo... Hace relativamente poco empecé este sendero. Siempre me han interesado las culturas antiguas, me acuerdo que cuando era más chica, tipo ocho, leí por primera vez un mito griego en la escuela... Leer más… 

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Reflexiones Paganas es un proyecto concebido para desarrollar ideas de todas las tradiciones paganas ancestrales; volver a descubrir el modo de vida, la ética, estética y la filosofía que profesaban las personas de la Antigüedad, para luego adaptarlas a la modernidad. Sin embargo, este blog no se limitará a desarrollar unicamente temáticas religiosas, sino a todo lo que directa o indirectamente, sea susceptible de verse con ojos paganos.

La idea, es de crear un ámbito donde se pueda exponer el pensamiento ancestral, pre-cristiano, verdaderamente pagano; sus bases y fundamentos, sin mixturas o sincretismos (generalmente desafortunados). Se buscará, por un lado, orientar a quienes comienzan a transitar el sendero; pero también, informar y hacer reflexionar a aquellos que profesan otras creencias, ya que existe una gran desinformación y muchos malos entendidos al respecto de lo que, genéricamente, se suele englobar bajo el término de Paganismo.

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Última actualización: 01-08-2016

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¿Qué es Religión?

ReligionesLa Religión, en términos generales, es una forma de vida o creencia basada en una relación esencial de una persona con el universo-entorno y/o con uno o varios dioses.

En este sentido, sistemas tan diferentes como budismo, cristianismo, hinduismo, judaísmo, odinismo, druidismo, sintoísmo, etc. pueden considerarse religiones.

En un sentido aceptado de forma corriente, el término religión, se refiere a la fe en un orden del mundo creado por voluntad divina, así como también se puede entender como una vía o camino hacia la perfección o mejoría del individuo y por lo tanto, de cada uno de los individuos que desempeñen un papel en esa sociedad.

Ha sido un accidente histórico que los primeros estudiosos europeos de culturas extranjeras o primitivas utilizaran el término religión para denominar un fenómeno del que sólo tenían un conocimiento rudimentario. Llegaron a la conclusión de que las otras culturas debían tener instituciones del mismo tipo y papeles como las que tenían el cristianismo o el judaísmo en sus respectivas culturas. Afirmaciones y creencias tan arraigadas como prematuras constituyen el origen de gran parte de tales discrepancias.

Una dificultad que se presenta al intentar examinar las religiones desde el punto de vista histórico es la noción común de la denominada “religión primitiva”, como forma de sentimiento y práctica religiosa humana más antigua y elemental. Sin embargo, no es seguro asumir que las formas no occidentales de cultura que carecen de desarrollo tecnológico sean por ello representativas de los primeros pasos en la carrera humana hacia las ideas espirituales. Cuanto más se sabe sobre diferentes criterios de culturas, más dificultades aparecen para adecuarlas en un sencillo esquema evolutivo o en un sistema de criterios claro. Se denominó como “religiones primitivas” a la diversidad de sentimientos y comportamientos que constituyen un tipo de conciencia que la civilización occidental ha perdido.

El rasgo principal de la conciencia religiosa primitiva, según se ha estudiado en pueblos amazónicos, indo-americanos, polinesios y africanos, es la ausencia de cualquier frontera definida entre el mundo espiritual y el natural, y por lo tanto entre la mente humana o ego y el mundo circundante. El filósofo francés Lucien Lévy-Bruhl llamó a esta ausencia de límites: “participación mística”, indicando una sensación de fusión entre el organismo humano y su medio ambiente.

Este sentimiento puede describirse como correspondiente en su campo a la moderna comprensión intelectual de la interrelación de la humanidad y la naturaleza en la ciencia de la ecología. Una ausencia de límites similar predomina también entre los mundos de la experiencia consciente y del sueño, o entre la voluntad individual y las emociones espontáneas y los impulsos de la psique. Como resultado, el mundo exterior en su conjunto está cargado de poderes que pueden llamarse mentales o espirituales. Los objetos materiales, como rasgos estables y comprensibles del mundo exterior, no existen, ya que todas las cosas parecen comportarse de un modo tan caprichoso como los acontecimientos en los sueños. Descontrolados, cuando los contenidos de la experiencia se encuentren en este estado de ánimo, parecerán tan vivos, misteriosos y fascinantes, así como terroríficos, que toda la naturaleza se verá bañada por una atmósfera impresionante y misteriosa. El historiador religioso alemán Rudolf Otto se refirió a una atmósfera así denominándola “numinosa”.

En un sentido más amplio, la atmósfera numinosa está ligada al mundo natural en su totalidad y a cada objeto dentro de él. Un buen ejemplo puede verse en el sintoísmo, una religión “primitiva” que se practica actualmente en la sofisticada civilización de Japón. El término sintoísmo (en japonés, shin, “espíritu”) significa “el camino de los dioses” o “el camino del espíritu”. Según el sintoísmo, cada roca, animal, o corriente tiene su propio shin o kami (en japonés, “dios” o “diosa”). Sin embargo, es una equivocación llamar “dios” a kami en alguno de los sentidos que la palabra tiene en Occidente; de igual forma el término shin significa “espíritu” sólo en un sentido muy vago, ya que se utiliza con frecuencia como una simple exclamación, similar a “¡maravilloso!”.

El sintoísmo no tiene sistema de doctrina, credo, ni ideas religiosas formuladas; se preocupa por expresar admiración, respeto y temor hacia todo lo que existe. Esta preocupación implica el tratamiento de cada cosa como si fuera una persona, no siempre en el sentido de que esté habitada por algún fantasma o espíritu con forma humana, sino en el sentido de tener una vida misteriosa propia y autónoma que no hay que dar por supuesto.

Como es obvio algunas entidades como el sol, la luna, el océano y ciertas montañas y lugares de peculiar fuerza y belleza parecen cargadas con mayor fuerza de la atmósfera numinosa que otras. Como la intensidad de lo numinoso es distinta en cada lugar particular, también los aspectos o cualidades de la atmósfera difieren. Los antropólogos utilizan a menudo las palabras polinesias mana y tabú para tipificar los aspectos positivos y negativos de lo numinoso. Cuando aparece como “mana” es potente y práctica, pero si lo hace como “tabú” es temible y prohibida.

En las religiones primitivas resultan a veces susceptibles no sólo las cosas externas y lugares, sino también los seres humanos, de ser cargados con lo numinoso de una forma peculiar. El tipo de persona dotada de acceso especial al mana, o aspecto terrenal de poder en estas religiones, es el “chamán” o “hechicero”. Este papel es muy diferente del sacerdote o pastor en una religión como el cristianismo, ya que el poder del chamán no tiene un origen tradicional sino personal. Es su propio descubrimiento particular realizado en solitario a partir de las relaciones con los sueños.

Lo numinoso es más que la sensación de temor y misterio en presencia de un mundo extraño. La ausencia de una frontera clara entre la mente humana y su entorno, en un mundo en el que tanto los acontecimientos exteriores como los interiores parecen suceder, provoca éxtasis y miedos. Entre los navajos, por ejemplo, este aspecto cautivador de lo numinoso es llamado hozón, término referido a una sensación de intensa belleza y de paz, que puede ser evocada con rituales de canto, danza y pintura en la arena. Estos rituales de magia compasiva, ya sean para provocar hozón, lluvia o buenas cosechas, tienen su origen en el mismo sentimiento de fusión entre el mundo humano y el natural y entre los acontecimientos de la mente y los del mundo exterior.

El ritual tiene un importante papel en las culturas primitivas, aunque no sea reconocible en sentido alguno como diferente de la llamada actividad práctica. Es más bien un intento para influir o armonizar uno mismo con el ciclo de la naturaleza mediante la representación dramatizada o simbólica de acontecimientos tan fundamentales como la salida y puesta del sol, la alternancia de las estaciones, el cambio de fases de la luna, la siembra y la cosecha anual. Además, el ritual supone la interpretación externa de los grandes temas míticos que en estas culturas ocupan el lugar de las doctrinas religiosas. El ritual, como aparece en las religiones primitivas, puede por lo tanto describirse como una forma de arte que expresa y celebra la significativa participación de la humanidad en los asuntos del universo y de los dioses.

En culturas donde prevalece este tipo de sentimiento sobre el mundo, ninguna esfera de la vida es reconocible de un modo concreto como religión. La religión está tan implicada en lo cotidiano que es imposible distinguir lo sacro de lo profano. Sólo aparecen grados mayores o menores de lo sagrado. La religión no existe como actividad específica y los miembros de estas culturas tendrían una enorme dificultad para referirse a su religión. No podrían distinguir los rituales previos a una buena caza de lo que la cultura occidental llamaría pura técnica de caza. Formas simbólicas de lanzas, barcos y utensilios domésticos no constituyen para ellos adornos superfluos sino partes funcionales del objeto, que evocan el maná para su uso práctico.

Raymond Buckland, en su obra “Buckland´s Complete Book of Witchcraft” (1986) comentó lo siguiente:

“La naturaleza les resultaba abrumadora, sentían respeto y le tenían temor, por ejemplo a los relámpagos, las ráfagas de viento, a las corrientes violentas de agua, atribuyéndoles un espíritu a cada uno de ellos, y por lo tanto convirtiéndolos en un dios o en una diosa. Eso es lo que se conoce como animismo. Un dios controlaba el viento; uno controlaba el cielo; otro controlaba las aguas. Pero el dios más importante era… el dios de la cacería. Respecto de los animales que cazaban, casi todos tenían cuernos, por lo tanto pintaron al dios de la cacería con cuernos. En ese tiempo la magia se mezcló con los primeros pasos titubeantes de la religión. La primera forma de magia fue probablemente llamada magia simpatética. Mediante la misma se asociaban cosas similares que tenían efectos similares. Por ejemplo si se hacia una representación de un bisonte, y luego se lo atacaba y mataba, iba a suceder lo mismo cuando se cazara uno real, concluyendo que todas las cacerías de bisontes terminarían con su muerte. El ritual mágico-religioso nació cuando uno de los cavernícolas se puso una piel sobre sus hombros y una máscara para representar al dios de la cacería y dirigir el ataque. Todavía existen pinturas de esa época, en algunas cavernas, que representan tales rituales, además de bisontes y osos de arcilla. Es interesante observar cómo esta forma de magia simpatética ha perdurado hasta tiempos relativamente modernos. Por ejemplo, en USA los indios Penobscot (asentados hace menos de cien años, en la bahía del mismo nombre que ahora es Maine) usaban máscaras de venados y cuernos cuando llevaban a cabo los rituales. Otro ejemplo es la danza del búfalo de los indios Mandan, que vivían en las orillas del río Missouri.”

En las “sociedades primitivas” estas culturas tampoco tenían doctrinas religiosas o conceptos abstractos sobre la naturaleza del numinoso y su diferencia de todo lo demás. El Espíritu es un sentimiento más que una idea; su lenguaje más apropiado no consiste en conceptos sino en imágenes. Así pues, en lugar de doctrina religiosa hay mito, o un conjunto asistemático de historias transmitidas de generación en generación, puesto que estos relatos representan en forma indefinida el significado del mundo.

Según las primeras interpretaciones antropológicas del mito, como la del antropólogo escocés sir James Frazer, los dioses y héroes míticos personifican los cuerpos celestes, los elementos; y los llamados espíritus de las cosechas y los rebaños y los mitos son explicaciones ingenuas de la naturaleza. Una interpretación posterior es la aportada por el psicólogo y psiquiatra suizo Carl Gustav Jung, que sugirió que los mitos se basan en sueños y fantasías que dan expresión concreta a los procesos psicológicos inconscientes. Por eso, al creer que una danza tribal ayuda a la salida del sol, la representación del rito ofrece a los miembros de la tribu un significado, el de desempeñar un papel significativo en la marcha del universo en su totalidad.

Una explicación del mito, en cierto modo similar, ofreció el investigador cingalés Ananda Coomaraswamy en sus estudios sobre cultura india e indonesia; creyó que los grandes temas míticos eran parábolas de una filosofía intemporal, un conocimiento intuitivo del destino y la naturaleza humana que siempre ha estado accesible a quienes en verdad desean sondear las profundidades de la mente humana. La filósofa americana Susanne K. Langer sostiene que el mito proporciona el primer ejemplo de ideas generales y, por lo tanto, de pensamiento metafísico. Según Langer el lenguaje está mejor capacitado para expresar ideas nuevas por medios metafóricos que por medios literales. Quizá haya que abandonar la suposición de que los mitos solar y de la fertilidad son intentos rudimentarios para explicar fuerzas naturales, como las explica la ciencia. Así como las culturas con mitos no distinguen entre espíritu y naturaleza, o religión y vida, tampoco discriminan verdad simbólica o fantasía de verdad literal o realidad. No se trata de confundir mito con realidad, puesto que la idea de realidad literal aún no se ha planteado.

OlimpiaLas religiones surgen en culturas donde sus componentes han desarrollado un fuerte sentido de diferenciación entre mente humana y entorno natural, conciencia subjetiva y realidad objetiva, y por lo tanto entre espíritu y materia. Este sentido de diferenciación va ligado al desarrollo de civilizaciones agrícolas estables, donde la división del trabajo requiere que los individuos desempeñen papeles diferentes en la comunidad. En las culturas cazadoras, cada individuo es maestro en todas las artes necesarias para la supervivencia, pero en las culturas agrícolas se requiere un grado de cooperación mucho mayor entre individuos con diferentes artes y papeles. Tal cooperación exige a su vez formas más precisas de comunicación entre las personas y por lo tanto de convención, o común acuerdo, respecto a los símbolos de comunicación, en especial a lo que atañe al lenguaje y a su cometido.

Un lenguaje es más eficaz cuanto más amplio es su vocabulario. Un gran número de palabras indica además un alto grado de conciencia en la distinción entre cosas y entre acontecimientos diversos. Cada palabra es el signo distintivo de un tipo de experiencia, y el fundamento de la clasificación consiste en que discrimina unas cosas de otras. La necesidad de desempeñar diferentes papeles en la comunidad también distingue a unos individuos de otros y para evitar confusiones requiere que los individuos se identifiquen con sus deberes. Muchos nombres, por ejemplo herrero, panadero, sastre, carpintero y calderero, indicaban en principio roles desempeñados en sociedad. La palabra latina “persona” procede del término que confería valor simbólico a las máscaras que llevaban los actores en el teatro grecorromano, y a su vez cada una de las máscaras identificaban los papeles que interpretaban los actores. Las personas desarrollaron una conciencia de su unicidad y separación de los demás, basada en parte en la aceptación de roles particulares en la sociedad.

La separación de los individuos por el rol y la creciente percepción de la distancia respecto al mundo por el lenguaje, se produjo a través de una convención, que es a la vez divisiva y cohesiva. Sin embargo las convenciones son complejas y se aprenden con cierta dificultad. Por eso las diferencias pactadas por la sociedad tienen que ser respetadas, lo mismo que ocurre con los niños, que deben ser disciplinados para aprender un idioma y para manejar las reglas de los juegos, del protocolo o las morales. La propia vida de la comunidad depende de la observación de las convenciones de comunicación. La instrumentalidad de una religión consiste además en garantizar el sistema completo de convenciones o las reglas de pensamiento y lenguaje, conducta y rol.

Las relaciones entre un sistema de convención social y un sistema de creencias sobre el universo requieren una explicación adicional. La convención social incluye recursos como gramáticas, vocabularios, números y signos, sin los cuales una persona puede percibir el mundo pero no pensar sobre él. El lingüista americano Benjamin Lee Whorf sugirió que la estructura del lenguaje, es decir del instrumento de reflexión de una persona, determina la opinión de ese individuo sobre la estructura de la naturaleza. Por eso es comprensible que tanto las tradiciones religiosas semíticas como la indo-aria conciban el universo como si hubiera sido creado por la palabra de Dios. Si el mundo es explicado, dominado y descrito por el pensamiento, es natural suponer que haya sido creado por el pensamiento, y que las leyes de la naturaleza que la reflexión descubre son la palabra o la ley de Dios, subyacente al mundo como una pauta primordial.

Puesto que una cultura elabora una imagen coherente y ordenada del mundo, es natural que sus miembros crean que el poder de lo numinoso que está tras el mundo sea coherente y ordenado, y que tenga unidad. Su comprensión progresiva de que el orden natural del mundo tiene un modelo inteligente aparece acompañada de la sensación de que ellos no inventaron este modelo, aunque lo hubieran descubierto, de alguien que debe conocer en su totalidad. Por lo tanto ellos lo atribuyen a una inteligencia diferente de la propia. Cuanta más gente aprecia la complejidad del modelo más se maravilla de la inteligencia que hay en su trasfondo, y a partir de ahí se comienza a formular una concepción madura de “Dios” o “los Dioses”, como un ser o seres que exceden en sabiduría y poder, y que es inmensurable y más grande que cualquier mortal. De esta forma, contemplando la maravilla de su propia estructura física, el salmista de la Biblia Judeo-Cristiana escribió: “… maravillosa por extremo es para mí esta ciencia; sublime; no la entiendo …” (Sal 139,6).

La Religión en este sentido, es teísmo, sin excepciones. Implica la creencia en un dios personal, vivo y espiritual, distinto del mundo que ha creado de igual forma que la mente humana se siente distinta de aquello que se conoce. Existen, sin embargo, diversas formas de teísmo. El Antiguo Testamento muestra un progreso desde henoteísmo (creencia según la cual existe una deidad suprema y otras inferiores) a monoteísmo (creencia de que este dios es el único Dios y al que se debe temor y fidelidad absolutos). Otras variantes son el politeísmo, creencia en muchos dioses derivada del paganismo y que suele incluir al menos una percepción de que lo mucho que es un aspecto de lo uno; el panteísmo, creencia de que Dios engloba todas las cosas en el universo (aunque este tipo de creencia sea en la historia una idea filosófica más que una creencia religiosa); y panenteísmo, una creencia según la cual cada criatura es un aspecto o una manifestación de Dios, que es concebido como el actor divino que desempeña a la vez los innumerables papeles de humanos, animales, plantas, estrellas y fuerzas de la naturaleza.

TransteísmoLa evolución del pensamiento religioso se puede plantear que se desarrollo a través de una visión panteísta, devino en panenteísta, luego en monoteísta encontrando su mayor funcionabilidad en el henoteísmo llegando a la visión del politeísmo como la suma final de la comprensión de la diversidad de poderes o fuerzas que influyen en el mundo y universo. Aunque en algunas prácticas como la disciplina “Raya Yoga” busca unirse con esa fuerza superior a Brahama, Shiva y Vishnu conocido como “Brahaman” que es como un “alma universal”, del cual todo procede y se originó, en este sentido, estamos ante el “transteismo”, que a través de los dioses busca comprender y unirse con aquellas fuerzas superiores a todo.

La religión es por lo tanto fe comunitaria en, y conformidad con, el modelo que el pensamiento descubre o ha sido revelado, como voluntad o mandamiento de la inteligencia que se encuentra más allá del universo. La comunidad se vincula a este modelo como pauta de vida, que consiste en tres elementos: el credo, el código y el culto.

Credo es la fe en el modelo revelado y en la inteligencia divina que lo constituyó.

Código es el sistema de leyes humanas y morales que cuentan con sanción y autorización divina, que incluye las reglas de participación activa en sociedad.

Culto es el ritual de ceremonias o actos simbólicos por medio de los cuales la comunidad pone su conciencia en armonía con la mente de Dios, ya sea mediante danzas ceremoniales o reconstrucciones dramatizadas de las acciones de Dios, o por el sacrificio de alimentos celebrados en común por Dios y su pueblo.

¿Entonces es Wicca una Religión?

La palabra “Wicca” sola, es decir, SÓLO COMO PALABRA, no es una religión, sino sólo una palabra ADOPTADA de un arcaísmo inglés y usada para decir “Brujo/a y Brujería” de modo intercambiable. La persona que la re-introdujo en el siglo XX, fue Gerald Gardner a través de una propuesta de “Culto del Brujo”. Cada persona que adoptó la palabra “WICCA” pudo o no seguir la propuesta de Gerald Gardner.

Pero cada “Tradición” o grupo humano que se denomina “Wicca”, son quienes definen si son una religión o no. Para comprender mejor, por favor lee lo siguiente…

¿Cuál fue la propuesta de Gerald Gardner?

Él estableció como antropólogo, que cada cultura tenia procesos místicos para cada etapa o actividad de vida, que estos “ritos” se repetían de época a época, aún hoy en día vemos estos procesos en las nuevas “tribus urbanas”. A este conjunto de criterios comunes apreciados en las prácticas religiosas de cada época y cultura en todo el mundo, se le denominó “patrón tradicional de ritos”.

La razón de Gardner fue basado en Charles Leland, Margaret Murray y Sir James Frazer, que así como Darwin que presentó a la humanidad de una raiz común, pensó que la religión provino de un tronco común y este evolucionó con cada pueblo transmitiendose (tradere / tradición) estos ritos de generación en generación.

Años después del fallecimiento de Gardner, en los 70´s otros antropólogos descartaron esa teoría de un solo origen, en razón que no toda la humanidad nació de un solo lugar, sino que cada especie humana se generó en distintas regiones y el patrón de ritos responde a un sentido común psicológico. Por ejemplo: Freud postuló – Eros y Thanatos / Vida y Muerte – que es el patrón de la propuesta de Gardner sobre los arquetipos de la Diosa y el Dios.

Gardner al determinar el “Patrón Tradicional de Ritos”, constituyó lo que llamó “Witch Cult” o CULTO del Brujo. Como mencioné anteriormente, se define religión moderna cuando hallamos Culto, Credo y Código; en la propuesta de Gardner sólo estableció el Culto y el desarrollo de su sistema incorporó la lógica de los misterios Eleusinos y la obra de Charles Leland conocido como “Aradia- El evangelio de las Brujas” (obra después descalificada de tener asidero real como una recopilación de testimonios folclóricos) como el Credo y Código de su sistema conocido como Witch Cult o The Craft of the Wica / Wise.

Sabemos que no desarrolló un credo o código, en razón al sistema de ortopraxis y no bajo ortodoxia.

Esto lo entendieron bien sus iniciados, por ello Sanders adopta el Book of Shadows de los gardnerianos y lo renombra como Alexandrian, con ligeros cambios imperceptibles. Lo mismo propone en los 80’s los Farrar en su Biblia de las Brujas, lo mismo sugiere Doreen Valiente en Witchcraft for Tomorrow. De igual manera, Raymond Buckland quien conoció en vida a Gardner y le explicó el detalle de la propuesta y la razón de cómo es que pudo rediseñar el sistema, reformando ello, para crear la “Seax-Wica”.

Entonces “Wicca” en su contexto común de patrones de ritos, es sólo un conjunto de procedimientos y ritos que desarrollará el “Culto” que practicará el brujo, mas cada quien que la desarrolla de modo inteligente y responsable le afina la simbología del Credo e inspira el Código o viceversa. Se debe considerar el “proceso místico”, que es el conjunto de experiencias y vivencias que nos hace darnos cuenta de elementos imperceptibles de la realidad, llevándonos a nuevos descubrimientos y percepciones de la realidad.

Por esta razón, cuando lo entendió Starhawk, Selene Fox, Los Frost, Z Budapest, etc. diseñaron sus “Wicca” a partir del patrón tradicional de ritos (Culto) y cada uno adoptó el Credo o Código que desearon utilizar al fin que perseguía.

Esto mismo entendió Scott Cunningham en el 1986 y publicó su libro de “Wicca: Una Guía para el Practicante Solitario” en 1988, basado en el libro “Buckland´s Complete Book of Witchcraft” (1986) , para que los demás desarrollen este “Culto” y luego establece en su obra “Living Wicca” (1993 cuando fallece) que si el sistema practicado les servía y se sentían bien con ello, podían crear una “Tradición” – transmitiendo – sus Book of Shadows.

En sí , la religión se constituye cuando se manifiesta este en cada “Tradición”, o sea, cuando decimos – Wicca Celta – es una religión, si decimos – Wicca Dianica – es otra religión. Si sólo hablo de “Wicca” en lato, la referencia es de una propuesta para desarrollar un culto. Asimismo son religión: la Wicca Sajona, Wicca Correlian, Wicca Feri, Wicca Gardneriana, etc., pero a pesar que adopten la palabra “Wicca” por la estructura del culto, cada una será distinto en su Credo y Código entre sí; por lo que cada una es una religión aparte de la otra, cada una con sus propios dioses y propuestas. No es lo mismo Seax-Wica y la Wicca Dianica, como que no es lo mismo la Wicca Correlian y la Blue Star Wicca.

Mientras comprendamos este detalle, estaremos más exactos al hablar de Religión y Wicca per sé.

Bendiciones en Amor y Luz.


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Marzo, 2016
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Sun Tzu

El supremo arte de la guerra, es someter al enemigo sin luchar.

The supreme art, of war is to subdue the enemy without fighting.

(De “El Arte de la Guerra”, Sun Tzu, 544 – 496 a.C.)

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Cyber-PsychoEl ser humano sufre, de manera genética, de una inercia sostenida y tenaz respecto de la aceptación del progreso. La misma no es sino una manifestación tangencial de la selección natural…

El progreso, significa “cambio” y el cambio es rechazado por la manada, la tribu o el colectivo de individuos, que conforma una comunidad a nivel biológico.

En los tiempos en que el cambio sólo significaba la alteración del entorno por los fenómenos naturales o bien la asimetría de un ser respecto de sus pares (por las mutaciones de sus genes), este rechazo era deseable, porque garantizaba la continuidad del grupo y de la especie.

Por lo general, las especies más duraderas en la historia de la Vida, han sido las que sufrieron menos stress ambiental, menores cambios en su entorno y, por su particular naturaleza, mínimas mutaciones a través de las eras. Ejemplo de ello son los tiburones, los cocodrilos, las blattodeas (cucarachas) y los tardígrados.

Pero al aparecer el Homo Sapiens, con sus (a veces sobrevaluadas) capacidades cognitivas y esa propiedad emergente a la que llamamos “consciencia de uno mismo”, todo fue diferente. El cambio se convirtió, casi siempre, en sinónimo de progreso, de avance, de evolución controlada e inteligente, ya no azarosa y meramente adaptativa.

El Hombre comenzó a crear y a modificar el entorno, primero para optimizar sus posibilidades de supervivencia (lo cual le permitía obtener el “placer necesario”) y luego, ya comenzada la cultura, y más tarde la civilización, para matizar su vida, hacerla diversa y rica en experiencias (obteniendo así el “placer suficiente”).

Los primeros indicios de esto, se dieron ya con el uso de herramientas de madera y piedra sin trabajar, por parte de nuestros antepasados más remotos (entre 8 y 9 millones de años atrás) y luego, con mucho mayor énfasis, ya con el Homo Erectus, en el momento en que dominamos el fuego (hace cerca de 500 mil años); comenzamos a cazar (y ya no ser víctimas de depredadores) y a fabricar utensilios que facilitaban nuestras vidas.

Por entonces, la inercia de que hablaba, se hizo evidente, y los “conservadores” aparecieron… Los mismos, desde el comienzo, se dividieron en dos sutiles grupos, no siempre fáciles de distinguir entre sí, pero realmente diferentes en su psicología.

El primero de ellos, ha sido y es positivo. Representa la prudencia, ante el cambio apresurado; la reserva, ante la transformación sin experimentación y la resistencia al aventurarse, sin medir las consecuencias.

Este grupo, es aquel que brega por conservar el legado de los ancestros, el respeto hacia las tradiciones y, sin darse cuenta, fomenta la cimentación del conocimiento, al ayudar a que las nuevas experiencias se contrasten con las antiguas y se conserve lo valioso, tanto de unas como de las otras.

Pero luego está el segundo, el de los rezagados, los inadaptados, los temerosos y los resentidos… Aquellos que no son capaces de seguir el ritmo; los que no cambian, los que creen que la rigidez es una virtud y lo obsoleto debe ser “objeto de veneración”.

Este segundo segmento de “conservadores”, se nutre del instinto tribal, que determina el odio atávico hacia lo diferente; del miedo al cambio (porque se saben no adaptables al mismo) y de una total apatía frente al abordaje de toda nueva experiencia, de la asimilación de nuevos conocimientos.

De este segmento de la sociedad humana, mediocre y anquilosado, es de donde nacieron cosas como la Inquisición, la cacería de brujas; los odios raciales y los campos de exterminio, entre otras muchas “perlas negras” de la Historia… De ellos, es de donde nace el odio a quienes son diferentes.

Por esta razón, en el mundo moderno, se puede apreciar con claridad patrones de correspondencia: Quien sufre de fobia al cambio, con frecuencia es también racista, xenófobo; mantiene acendrados prejuicios de género y es homofóbico; practica alguna forma de religión integrista o fundamentalista y siente un profundo odio a las formas “heterodoxas” de comunicación humana, como las que ofrece la tecnología moderna. A través de las eras históricas, estos personajes mostraron sus garras, siendo responsables de muchas pérdidas culturales, atrasos tecnológicos o de la privación de los derechos de las personas…

Probablemente, ya existieran algunos que repudiaran, o incluso reprimieran, a los primeros pintores rupestres y, quizás, mucho después, padres o abuelos de jóvenes sumerios y egipcios, forzaran a esos futuros escribas, a dejar de “hacer garabatos” en la arena e ir a trabajar al campo.

Estos personajes fueron los responsables de la destrucción de la Biblioteca de Alejandría y del asesinato de Hipatia; los que torturaron y mandaron a la hoguera a científicos y pensadores, como Giordano Bruno… También los que calificaron como una costumbre viciosa, a la correspondencia epistolar en el siglo XVIII y vieron con horror a la Revolución Francesa (1789).

Los siglos XIX y XX, tampoco carecieron de estas mentes limitadas… Por entonces, ellos fueron los que afirmaban que si un tren viajaba a alta velocidad, el cuerpo humano no lo resistiría y que el humo de las locomotoras asolaría los campos de cultivo; que “la iluminación eléctrica era tan imposible de lograr como el movimiento perpetuo”; que el cine era una perversión; que la radio era un invento del demonio y que la TV iba a destruir la cultura y la educación de las personas.

Los caminos del odio suelen converger, y las diversas expresiones de la intolerancia apuntar a lo mismo… Es así que extremas izquierdas y derechas, han estado de acuerdo, casi siempre, en que la tecnología es algo que sólo los estados deberían controlar… Coincidiendo en que la actividad privada era nociva y declarando anatema a la individualidad y al logro estrictamente personal.

Del mismo modo, las ideologías y credos reaccionarios, odian a los que se salen del rebaño, a los que no cumplen las reglas. Desprecian a los autodidactas, a los académicos rebeldes y a los librepensadores. Del mismo modo que odian a un computador sin saberlo usar; aborrecen a Nietzsche, sin haberlo leído o les repugna Dalí, sin saber reconocer ni una sola de sus pinturas.

Una de las características fundamentales de quienes conforman estos grupos, es el revestirse de una superioridad moral nacida del dogma y de la costumbre. Actúan como si tuvieran la razón per se y creen que pueden calificar el trabajo o la experiencia de cualquiera que se cruce en su camino. En especial de quienes no encajan en los patrones estáticos y predefinidos que tienen “archivados” en sus mentes, para cada actividad, cosas o tipo de persona. Toman a la innovación, la transgresión y el disenso como una afrenta personal.

Pero, continuando con la evolución cronológica de este colectivo, no fue hasta finales del siglo XX, cuando surgió una nueva clase de “haters”, que concentrarían su odio en una particular forma de tecnología, misma que cambiaría al mundo para siempre…

La ciberfobia y los ideólogos anti-progreso:

En 1985, se acuñó el término “cyberphobia” (en inglés, “fobia a la cibernética”) para aludir a los individuos que temían tanto a los ordenadores, como para no poder permanecer en la misma habitación con uno. Al comienzo, se identificó como una patología fóbica, con causas y síntomas similares a cualquier otro miedo de origen irracional.

Según el Collins English Dictionary, edición digital del 2012, la cyberphobia es: “an irrational fear of computers” (“Un miedo irracional a las computadoras”).

Esta disfunción se manifiesta a través de los siguientes síntomas:

  • Rechazo a las computadoras y a otros ingenios tecnológicos.
  • Completa ineptitud para desarrollar tareas que implique el uso de sistemas informáticos.
  • Resistencia a manejar archivos digitales y a organizar los directorios de los discos rígidos.
  • Boca seca.
  • Temblores.
  • Taquicardia.
  • Dificultad para respirar.
  • Nauseas.
  • Consumo excesivo de azúcar, golosinas o afines.

CyberphobiaEl verdadero problema, es que, en algunos casos, esta afección pasiva, de pavor a la tecnología, muta en el odio irracional a la misma, haciendo que la persona sufra desde indiferencia hasta el temor o la sospecha, respecto del ciberespacio y de toda actividad informática en general.

Con frecuencia, lo anterior deviene en teorías conspirativas, en prejuicios hacia los trabajadores y profesionales relacionados con la Tecnología y la Ciencia y en lucubraciones sobre planes mundiales de dominación, vigilancia de los gobiernos o “deshumanización” de la sociedad, entre otros dislates.

La difusión de la Internet y la creación de su principal expresión, la “World Wide Web”, a mediados de los ’90s, hizo que toda una gama de “dinosaurios” culturales se enfocara en ver a este nuevo medio como la ruina de la Humanidad.

Desde académicos de renombre, hasta escritores surgidos de la “working class” o periodistas que se negaban a abandonar sus vetustas máquinas de escribir mecánicas y admitir las bondades de los procesadores de texto, este “ejército” fue aumentando en número y virulencia.

A continuación, a modo de ejemplo, se analizan un par de fragmentos de artículos publicados recientemente en la red, a partir de entrevistas a dos notables intelectuales “progresistas” y que pueden ser definidos como comunicadores sociales:

1.- En el periódico online “El País” de España, con fecha del 30 de Diciembre del año 2015, en la sección de “Cultura”, se publicó: “Las Redes Sociales son una Trampa”, reportaje al sociólogo Zygmunt Bauman… (Se citan en color azul a los párrafos del mismo).

“La cuestión de la identidad ha sido transformada de algo que viene dado a una tarea: tú tienes que crear tu propia comunidad. Pero no se crea una comunidad, la tienes o no; lo que las redes sociales pueden crear es un sustituto.”

Pareciera que Bauman cree que sólo las comunidades heredadas cuentan… Hace caso omiso a las que se conforman entorno a una idea, una creencia, algún interés en común o incluso una moda; cierto tipo de consigna o cualquier otro factor artificial o, por lo menos, no vinculado con lo signado por la dinámica inicial de la vida (del nacimiento).

¿Los seguidores de un líder político o religioso no conforman una comunidad? ¿Los fans de un músico, deportista o actor no forman un colectivo análogo a una “comunidad”? Sin embargo, en estos casos, la asociación o incorporación al colectivo, no está dada por la “naturaleza” sino por la libre elección… ¿Cuál sería la diferencia entre esto y la “asociación virtual entre las personas”?

No se entiende, por qué este pensador plantea que la opción voluntaria, el diseñar un colectivo en base a los propios gustos / ideas / creencias, es menos válido, que soportar un determinado entorno étnico / cultural / familiar, porque así lo determinaron las circunstancias de nuestro nacimiento (o de nuestra “tribu” local -única cosa que a Bauman le parece legítimo llamar “comunidad”).

“La diferencia entre la comunidad y la red es que tú perteneces a la comunidad pero la red te pertenece a ti. Puedes añadir amigos y puedes borrarlos, controlas a la gente con la que te relacionarás.”

Y claro… El acto voluntario e “individualista”, es vetado a priori, como un mal de la “insolidaria” sociedad moderna…

¿Acaso la vida física no debería ser del mismo modo? ¿No sería genial que todos pudiéramos elegir EXACTAMENTE con quienes compartir nuestras vidas? ¿Está mal “controlar con qué personas nos relacionamos”? Y de ser así, ¿Por qué sería esto?

La respuesta es obvia: Los líderes del pensamiento posmoderno, los anti-tecnología; los apóstoles del anti-individualismo, detractores del progreso per se y tendientes a una u otra forma de colectivismo, ven con horror a la globalización, al uso particular de los medios de comunicación y a la des-jerarquización (democratización) del conocimiento.

Estos personajes, ven cada vez más acotados a sus espacios de “audiencia”, mermadas las filas de sus “devotos seguidores”. Odian las nuevas formas de comunicación, porque ya son demasiado vetustos para competir, dentro de ellas, en igualdad de condiciones con otros pensadores…

“La gente se siente un poco mejor porque la soledad es la gran amenaza en estos tiempos de individualización. Pero en las redes es tan fácil añadir amigos o borrarlos que no necesitas habilidades sociales.”

¿Qué no? ¡Se nota que este individuo jamás ha manejado un perfil en una red social! Nadie mantiene a otras personas agregadas, en dichos servicios, sin que les agraden (excepto quizás alguna suerte de masoquista). Así como uno suma o elimina, los demás hacen lo propio y un perfil concurrido y activo, implica un mismo nivel de “habilidades sociales” que las denotadas por el más aventajado experto en relaciones públicas (en la vida física).

¿Soledad? ¿Individualización? ¡Vaya…! De nuevo la aversión a la globalización y el poco disimulado amor por el anacrónico colectivismo. Las redes sociales, son una forma novedosa y poderosa de establecer vínculos, a veces, tan fuertes y estrechos como los más duraderos de la vida física. Pero claro, no son signados por el azar, sino por la voluntad individual (¿debería decir “individualista”?)… Entonces son repudiados… Parece ser un “pecado social” de tipo imperdonable, el tener un amigo en un país lejano y no gustarnos el vecino de la siguiente casa… Eso es “no-inclusivo”, “insolidario”, ¡denota una “libertad insolente”!

“Estas las desarrollas cuando estás en la calle, o vas a tu centro de trabajo, y te encuentras con gente con la que tienes que tener una interacción razonable. Ahí tienes que enfrentarte a las dificultades, involucrarte en un diálogo.”

Queda claro que este buen señor, se quedó en la red de 1995… Estamos en el año 2016 y existen decenas de servicios para conectarse con otras personas: Telefonía virtual, video-conferencias, audio-conferencias, mensajería instantánea, etc… etc… ¿Qué falta emular de la vida física? ¿El sexo? Porque, la única diferencia real que se tiene entre una teleconferencia (con video) y una entrevista o reunión (por ejemplo en una cafetería o restaurante), es que al comenzar y al terminar, tal vez uno estreche la mano del contertulio o bien (si hay mucha confianza) le dé un abrazo. En el resto del tiempo, ¿Existe alguna diferencia, salvo por la mucha mayor comodidad del medio virtual…? Cualquiera que use la lógica, dirá que ¡no!

Pero además, aquí se está aplicando la falacia del falso dilema: ¿Esta persona cree que los usuarios asiduos de las redes sociales no trabajan? ¿Creen que no tienen que comer, defecar, dormir; ir a pagar sus impuestos, ir al mercado a comprar alimentos, atender su casa, cuidar a sus hijos y a su propia persona, entre otras tantas cosas (normales y “anticuadas”) de la Vida, del mismo modo que lo hacen los que jamás tocan un computador?

Seguramente, habrá quien aludirá a personas marginales, apegadas a las redes como otros pueden ser adictos a las drogas… ¡Y sí, los hay! Pero también hay adicciones a miles de otras cosas, algunas que implican tecnologías menos avanzadas (como la TV, por ejemplo) y otras ninguna en lo absoluto: ¡Hay adictos incluso a coleccionar sellos  postales (estampillas), que desatienden a su vida normal por ello…! ¡Locos hay en todas partes! No más en la vida virtual, que en la física…

“Mucha gente usa las redes sociales no para unir, no para ampliar sus horizontes, sino al contrario, para encerrarse en lo que llamo zonas de confort, donde el único sonido que oyen es el eco de su voz, donde lo único que ven son los reflejos de su propia cara. Las redes son muy útiles, dan servicios muy placenteros, pero son una trampa.”

Otra falacia, esta vez por generalización: Por supuesto que muchas (muchísimas) personas, usan las redes sólo para entretenerse, para evadirse, para “escuchar el eco de su propia voz” (Me pregunto, en cualquier caso, ¿Qué de malo hay en ello?). Pero eso no incluye a quienes se traban en un debate serio con otros, quizás más expertos en el tópico que se trate, que ellos mismos y por tanto, resultan aprendiendo de la experiencia. A los que, de manera permanente, intercambian conocimientos entre continentes o hemisferios, a distancias jamás antes soñadas y de manera instantánea… Tampoco a quienes, por estar lejos, tienen la oportunidad de conectarse con un ser amado… Tal vez un familiar cercano o una amistad que partió hace tiempo hacia otras latitudes.

¿Y qué ocurre con quienes trabajan en la red? ¿Qué de quienes se ganan el sustento mediante ella? Debe ser que, según Bauman, como trabajan en casa, como no tienen un jefe, no son “true working class heroes” y por ello no cuentan… Debe ser que, aunque mantengan a sus familias mediante ese medio, son “patológicos”, al igual que los usuarios supuestamente “adictos” a los videojuegos u otros ingenios tecnológicos.

Por otra parte, las “zonas de confort”, son la apetencia natural de toda la Humanidad… Existe el mito de que apuntar a ello es “insano”, pero el Hombre (como especie) y cada individuo en particular, ha tratado de buscarlas desde que el Mundo era joven… Es parte de la naturaleza humana y no comenzó con la red, sino desde antes de la invención de la cultura en sí misma.

Se trata, sencillamente, de buscar un nicho en donde poder vivir con comodidad, sin demasiada inseguridad e insatisfacción. ¡Eso es todo! ¿Qué no es solidario? ¿Qué no es justo para con los otros miembros de la “comunidad”? … Bueno, es que la Vida no lo es… y en ello, la Internet o las redes sociales no tienen nada que ver…

La redes sociales no son una trampa, la trampa está en creer que sólo algunos “seres iluminados”, algunos personajes “galardonados” por sus pares, son los únicos con derecho a opinar, son los únicos que deben sustentar el conocimiento de la Humanidad y que sólo ellos tienen la prerrogativa de difundir sus ideas… 50 años atrás, estas personas vivían muy felices, cuan monjes medievales, encerrados en sus “claustros” universitarios y difundiendo el conocimiento sólo a los que ellos “elegían”. Tal estado de cosas, para desgracia de éstos, ¡ha terminado…!

La trampa está en pensar que la vida intelectual tiene handicap, que alguien, por ser octogenario y famoso (a nivel académico), tiene razón a priori, sin importar lo que toda otra persona tenga que decir a ese respecto… La trampa, es creer que la palabra impresa es más valiosa que la digitalizada, cuando el valor de cada palabra está en su significado, no en el medio a través del cual es transmitida… Las palabras y las ideas, valen por sí mismas, no por su envase… Bauman, en su ceguera ideológica, no se ha dado cuenta de ello…

2.- En el portal de la BBC en español, con fecha del 10 de Julio del año 2013, en la sección “Noticias del Mundo”, se publicó: “¿Por qué Chomsky desconfía de Internet?”, en donde el célebre lingüista y activista radical estadounidense, Noam Chomsky, descalifica a las redes sociales como un medio valioso de comunicación. (De nuevo, las declaraciones del lingüista aparecen en azul).

“El telégrafo y las bibliotecas públicas tuvieron un impacto mucho mayor en las comunicaciones y el acceso a la información que internet”.

Erudito Medieval¡Ciertamente! Así como la invención de la rueda, tuvo más impacto que la del automóvil; la creación de la escritura más que la de la imprenta o el descubrimiento de la agricultura, más que la producción industrial de alimentos.

Sin embargo, sin el automóvil no existiría la civilización moderna; sin la imprenta, sólo serían letrados un número insignificante de personas y sin las factorías de alimentos o las granjas mecanizadas, la mayoría de los que hoy comen a diario, no lo harían.

Comparar el cambio dramático entre el estado de inexistencia de una cosa, con uno en donde la misma existe y desarrolla avances subsecuentes, es ridículo, propio de una mente cegada por los ideologismos. El advenimiento de la red de redes, no conllevó un fenómeno tan dramático que el que ocurrió con el telégrafo, pero afectó (en los 20 años que lleva de existencia) la vida de muchas más personas y lo seguirá haciendo de manera exponencial.

Respecto de las “bibliotecas públicas”, Chomsky, desde su cómoda oficina de Cambridge, parece olvidar que no todos los países gozan de ellas. Cuando yo tenía unos 20 años, la biblioteca pública más cercana, en mi ciudad (con una razonable variedad de volúmenes), estaba a media hora de viaje en bus, a pesar de que vivía en la capital de mi país. Hoy en día, mi “biblioteca pública” está al alcance de mi mano, con los 20000 libros que tengo en mi laptop o los 600 que mantengo en mi tablet. ¡Pero Chomsky no puede ver la diferencia!

“… los lentes de Google son «orwellianos y ridículos» y que internet puede aislar y radicalizar a las personas”.

Aparentemente, el famoso intelectual, llama “radicalización” a la simple toma de opinión de la persona común. Descalificando así a todo aquel pensador, que no emane de su círculo de privilegio (y a pesar de enmascase en su ideología de izquierda, exuda elitismo).

Pero lo más importante aquí, es la idea conspiranoica de creer que el famoso motor de búsqueda, presenta sus contenidos en base a algún tipo de interés gubernamental o ideológico y no regido por las simples leyes del marketing, del libre mercado y de la demanda de los visitantes (en relación al motor en sí y de los sitios indexados en él).

“La transición entre la comunicación que permitía la navegación a vela y la que permitió el telégrafo fue mucho mayor que la que generan las diferencias entre el correo tradicional e internet”.

Esta frase es particularmente penosa en un intelectual de su calibre… Obsérvese que parece estar hablando de la Internet de 1996 y no de la del 2016. ¿Nadie le ha dicho que el correo electrónico está cayendo en la obsolescencia? ¿Acaso no sabe que existen enésimos sistemas más modernos de contacto, transmisión de datos y mensajería a estas alturas? ¿Sabrá Chomsky lo que es una “cloud”? ¿Usará WhatsApp o Telegram? ¿Sabrá que Siri (de Apple) es suficientemente inteligente como para enviar por sí sola un mensaje y como para que el usuario se los dicte primero (sin siquiera tener la necesidad de tipear nada)?

“Hace 150 años si mandabas una carta a Inglaterra, la respuesta podía demorar unos dos meses, porque viajaría en barco, y quizás ni siquiera llegaría a su destino… Cuando surgió el telégrafo la comunicación se volvió prácticamente instantánea, y ahora que tenemos Internet es sólo un poco más rápida”.

Lo anterior es cierto, pero se vuelve a caer en el mismo error: Internet es mucho más que el correo electrónico y, además, no se trata sólo de la velocidad de transmisión de los datos y de la seguridad de que estos llegarán a destino (¡lo que ciertamente no es poco!). La cuestión es que una persona no necesita depender de un telegrafista, no necesita preocuparse si el mensaje fue bien codificado (el código Morse no es facil de aprender) o cuanto le costará cada palabra (¿Alguien recuerda lo costosos que eran los telegramas y que su valor estaba mensurado palabra por palabra?).

Hoy en día, podemos enviar un mensaje a cualquier persona del planeta con sólo tipearlo y presionar “Entrar” y no hay que preocuparse en lo absoluto por su longitud… Pero además, se le pueden agregar fotografías, sonidos y otros elementos multimedia. ¿Sabrá eso Chomsky? ¿Preferirá ignorarlo? ¿Lo verá como una frivolidad más de su odiado “sistema capitalista”?

“Hace un siglo, cuando se instalaron bibliotecas públicas en la mayoría de las ciudades estadounidenses, la disponibilidad de información y el incremento en la riqueza cultural fue ampliamente mayor que el que genera internet”.

Aquí sale a relucir la “pesuña” elitista de este buen Señor: ¿Acaso confunde la posibilidad de leer con la de escribir? ¿Cuándo existió un medio en donde, de manera absolutamente democrática, todo aquel que participe en él pudiera opinar, escribir, publicar y difundir sus ideas, sin la censura de los gobiernos, sin los “recortes” hechos por los editores, si los regaños de “profesores” y sin que le cueste más que lo que paga por su servicio de conexión? ¿Será que no está acostumbrado a debatir desde el llano, sin la comoda posicion de la cátedra?

Pero aun en el plano de la mera lectura: ¿Acaso este personaje cree que todo el planeta goza de la enorme cantidad de bibliotecas públicas que posee USA? ¿Acaso cree que todo ser humano de este planeta tiene acceso a libros baratos como en su caso? ¿No sabe que hay países en donde hay miles de libros censurados, pero que la red posibilita que circulen en sus versiones digitalizadas?

“Ahora no tienes que cruzar la calle para ir a la biblioteca, puedes tener acceso a información en tu propio living, pero la información ya estaba allí, cruzando la calle”.

Sigue dando pena… No entiende que Internet es mucho más que libros online, Wikipedia o que el correo electrónico. Es obvio que para él, sólo la opinión de sus pares cuenta.

“La diferencia entre internet y una biblioteca es más pequeña que la diferencia entre la ausencia de una biblioteca y una biblioteca… En la biblioteca además al menos puedes confiar en que el material tendrá cierto valor porque pasó por cierto proceso de evaluación”.

¡Ya! Ahora queda claro: El problema es que no puede controlar la información… El problema es que se terminarán las elites… Pero concedámosle algo: Es cierto que la información de la red no posee filtro alguno, ni validación. Pero eso, lejos de ser un problema, es una oportunidad: Permite a cada ser humano hacer uso de la lógica, filtrar por sí mismo a la información de calidad y descartar la basura informativa. Todo usuario de la red, cuenta con más facilidades y velocidad, que si lo hiciera en una biblioteca pública (quizás, y eso por ahora, la potencia informativa y educativa de la red, sólo estaría detrás de la que se crea en un ambiente universitario).

Tal parece que Chomsky no confía en la intelección de las personas. Como todo buen colectivista, quiere ser él quien decida qué pueden leer y qué pueden escribir los demás…

“Internet es una suma de ideas azarosas y es difícil distinguir entre lo que alguien pensó mientras cruzaba la calle y lo que otro estudió en profundidad”.

Es igual cuando uno escucha una clase en una escuela o universidad… ¿Acaso los títulos académicos alguna vez fueron sinónimo de pericia, fueron garantía de sabiduría o de criterio intelectual? De nuevo se subestima a las personas, creyendo que no pueden discernir entre una y otra cosa.

“Caminar hablando por teléfono es una forma de mantenerse en contacto con otros, pero, ¿es un paso adelante o un paso hacia atrás?”

Claro, es “un paso hacia atrás” para su particular forma de ver el mundo… ¿Este buen hombre tendrá seres queridos? ¿No se sentirá mejor al recibir un SMS de su nieto o de cualquier familiar, diciéndole que “se encuentra bien” y no tener que esperar horas para verlo de nuevo y saber su condición? ¿No es el quien vive predicando lo “insegura” que son nuestras vidas en el mundo moderno y globalizado?

“Yo creo que probablemente sea un paso hacia atrás, porque está separando a la gente, construyendo relaciones superficiales”.

De nuevo el fósil asoma… La incapacidad de entender a las nuevas generaciones y a los nuevos paradigmas sociales y comunicacionales, aflora… ¿Por qué una amistad habría de ser más fructífera y satisfactoria si se desarrolla emborrachándose en un bar, que si ocurre en horas de pláticas a través de, por ejemplo, la videoconferencia? ¡Puros prejuicios conservadores, en un Señor que vive ufanándose de su progresismo!

“En vez de hablar con las personas cara a cara, de conocerlas a través de la interacción, hay una especie de carácter casual de esta cultura en desarrollo”.

Pues, ¡Qué maravilloso! ¡Qué bueno que ya no dependamos de la rutina y de los esquemas sociales pre-establecidos para entablar una nueva relación (de amistad, laboral, comercial, romántica o del tipo que sea)!

“Conozco adolescentes que creen que tienen cientos de amigos, cuando en realidad están muy aislados… Cuando escriben en Facebook que mañana tienen un examen, alguien les responde «espero que te vaya bien» y conciben eso como amistad”.

Me pregunto, ¿a qué le llamará “amistad”, Chomsky? Que penoso es ver que un intelectual de su calibre se deje llevar por las costumbres y los esquemas prefijados. ¿Qué diferencia hay si nuestro amigo se preocupa por nosotros desde la casa de adjunto o desde 13.000 km de distancia (mientras tenga la posibilidad de hacérnoslo saber)? ¿Cuál será la diferencia que él verá en ello?

“Todavía no he visto ningún estudio, pero pienso que la nueva tecnología está aislando a las personas en un grado importante, está separándolas unas de otras”.

“Todavía no ha visto ningún estudio”, pero ya tiene una idea prefijada del tema… ¡Muy científico de su parte, Sr. Chomsky! Mi abuela, solía decir en broma: “No sé de que se trata, pero me opongo”. Parece que el afamado lingüista, coincide con ella (sólo que él, lo dice en serio).

“Internet entrega acceso instantáneo a todo tipo de ideas, opiniones, perspectivas, información. ¿Eso ha ampliado nuestras perspectivas o las ha hecho más estrechas?”

¡Ciertamente! Pues nos tendría que explicar él mismo, cómo podría ser que una mayor información, más rápida, cómoda y variada, pueda estrechar nuestras perspectivas… Lo que dice en el párrafo anterior, casi suena a oxímoron.

“La mayoría usa internet como entretenimiento, diversión. Pero de la minoría que la usa para adquirir información, lo que se puede ver es que las personas localizan muy rápidamente sus sitios favoritos y los visitan porque refuerzan sus propias ideas… Entonces te vuelves adicto a esos sitios, que te dicen lo que estás pensando y no miras otros”.

De nuevo la “pesuña” sale a relucir: La idea intrínseca de querer controlar lo que otros leen o “visitan”. ¿Acaso desde hace 250 años, los lectores de periódicos no leen siempre los que son de su preferencia? ¿Acaso las personas no escuchan siempre las misma radios y así con cualquier otro medio de comunicación? ¿Acaso no ocurre igual con la selección de autores de libros que cada quien lee? (Me pregunto si era distinto cuando los hombres del paleolítico contemplaban las pinturas rupestres… ¿No existirían las “preferencias”, ya por entonces?).

“Eso tiene un efecto de auto reforzamiento; el sitio se vuelve más extremista, y tú te vuelves más extremista y te separas más de los demás”.

No cabe duda, que el hecho de que alguien se mantenga idiota lo “une con los demás”. Pero aun así, es cierto lo que dice… Sin embargo, no lo es en mayor medida que respecto de cualquier otro medio y no es más frecuente que ocurra hoy, con la Internet, que hace 1000 años, con los escritos guardados en las abadías. ¿O sólo los websites tienen ideologías? ¿Los periódicos, libros, canales de TV, etc… acaso no?

“Sólo por propósitos comerciales, Google, Amazon y el resto están coleccionando enormes cantidades de información de las personas; información que yo creo que no deberían tener… Rastrean tus hábitos, tus compras, tu comportamiento, lo que haces y están tratando de controlarte dirigiéndote en determinadas direcciones”.

Y obviamente, para una persona que vive preocupada por las “conspiraciones” esto ha de ser como vivir en el infierno de Dante… Pero me pregunto, ¿Cuál es el problema? ¿Por qué me debería preocupar que Google conozca nuestros gustos (si con ello nos ofrece un mejor servicio) o que Amazon recopile lo que nos gusta leer (con la misma finalidad)?

¡Vivir pensando que se está en una escena de “1984”, debe ser muy estresante y esquizofrenizante…!

“Y creo que lo están haciendo en niveles que exceden a lo que el gobierno hace. Así que el gobierno les está pidiendo ayuda”.

Ahora viene la parte en la que le quiere “meter miedo” a todos sus seguidores… Es infaltable en Chomsky. Siempre ha procedido así… Él, que tiene tanta información privilegiada sobre su gobierno y los de otros muchos países, ¿Acaso desconoce que realmente, las agencias del mismo, no necesitan de la red para saber TODO sobre cada uno de los habitantes de la nación?

“Los más jóvenes, muy a menudo no ven ningún problema en esto. Viven en una sociedad y una cultura exhibicionistas, donde colocas todo en Facebook, donde quieres que todo el mundo sepa todo sobre ti. Así que el gobierno también sabrá todo sobre ti”.

¡Paranoia, paranoia y más paranoia! La típica reaccion del animal de madriguera… “No saques la cabeza fuera de tu agujero, porque a pesar de que eso te permitira ver el mundo, puede venir el lobo feroz y te la puede arrancar”. La Libertad y el Conocimiento, siempre han tenido un alto precio, pero es uno que toda persona libre y pensante, generalmente estará dispuesto a pagar…

Conclusión:

Los ejemplos anteriores, dejan en claro el hecho de que muchos intelectuales y personajes considerados como referentes en diversas disciplinas del conocimiento, sencillamente “atrasan”, se han quedado adormilados en otras épocas y circunstancias.

La mayoría de quienes opinan de ese modo, jamás se han familiarizado con un computador, nunca aprendieron a usar aplicaciones y programas que los potenciarían en sus carreras ni se han conectado y menos aún, abierto perfiles en la red.

No es que jamás usen o accedan al ciberespacio, pero para ellos es equivalente a cuando las personas acomodadas del siglo XIX, ascendían a una cumbre, iban de safari o emprendían viajes de aventura por el Pacífico… Les resulta algo tangencial a sus propias vidas y no pueden comprender que existan generaciones (incluso de gente ya no tan joven) que ven al ciberespacio como una continuación natural de su ambiente, de su entorno existencial.

Las redes sociales son una herramienta, y como tales, pueden ser usadas para estupideces (un martillo puede ayudar a construir una casa o a que nos mutilemos los dedos), para desinformar, pero también para llevar información a donde nunca penetraría de otro modo.

Estos “paleo-intelectuales”, creen que si no se lee mediante libros polvorientos y apolillados, lo que se hace no es incrementar la propia cultura… Que si se escribe en un dispositivo digital, no se están creando ideas y contenidos. Así mismo, piensan que la música nacida de un instrumento electrónico es “menos arte” (o a veces incluso la tachan de “decadencia”) que si los sonidos salen de una caja acústica o de cuerdas o tubos, sin electrónica mediante…

Pues bien, a estos “dinosaurios” les tengo una noticia: Un PDF o ePUB del “Quijote”, contiene exactamente la misma información que una edición original de Ibarra, sólo que cuesta unos 20 dólares en vez de 200 mil… Un procesador de texto no escribe las palabras por sí mismo. El trabajo manual se reduce con ello, pero la energía intelectual implícita en la redacción y el conocimiento que se necesita para el caso, es el mismo que cuando se usaban plumas o punzones. De igual manera, si un neófito toma un instrumento electrónico sin saberlo tocar, lo único que producirá es ruido, del mismo modo que si el artilugio fuera un “respetable” producto de algún luthier del siglo XVIII.

La tecnología expande nuestras capacidades, pero no las crea. El inepto lo seguirá siendo, aún con la ayuda de un super-ordenador y el de mente estrecha, no tendrá buenas ideas, sea que las lucubre en las polvorientas estanterías de un monasterio medieval o en el más moderno centro de datos.

Respecto del “localismo” de nuestros contactos y de “escuchar la propia voz”, como dijera uno de los ejemplos (o debería decir “ejemplares”) de más arriba, depende enteramente de uno.

Lógicamente, si nuestro entorno virtual está formado por personas del barrio, por los amigos y la familia, el espacio cibernético no nos aportará mayor información o cultura y sí, muchas horas de trivialidades y de cosas intrascendentes… Pero si accedemos más allá de lo que nuestro horizonte personal maneja en la vida física, las redes pueden convertirse en una plataforma para aprender y enseñar y para expandir la consciencia humana a límites que nunca antes pudieron darse.

Está en cada uno, el saber seleccionar la información de la red, así como seleccionamos la información en una librería, en el kiosco de periódicos; analizando si el documental de TV tiene una fuente creíble o mensurando la calidad académica del profesor que nos dicta un curso determinado…

En el ámbito virtual, no se necesitan ni más ni menos filtros lógicos que en la vida material. El creer que en la Internet o en cualquier otra tecnología moderna, existe algún nuevo peligro, que hay algún tipo nuevo de delito, patología o conducta dañina, que no existiera desde siempre, es desconocer a la especie humana.

Los “paleo-intelectuales” seguirán encerrados en sus vetustas “torres de marfil”, acariciando placas, medallas y certificados y rodeados de sus serviles séquitos. Es lo que quieren y dado que, casi todos, son de avanzada edad, así es como terminarán sus días.

Pero a las generaciones más jóvenes y dinámicas, se les presenta el desafío de integrar las nuevas tecnologías a los aspectos más recónditos de sus vidas, a hacerlas partes naturales de la misma, así como los sumerios hicieron con la escritura y las personas de mediados del siglo XV, con la palabra impresa.

Aquellos que no se sumen al futuro, quedarán rezagados. No importa si son iletrados o si fueron galardonados con un premio Nobel. La cultura y el conocimiento, siempre se vieron beneficiados por el progreso y perjudicados por las elites, los dogmas y los atavismos. Así fue en tiempos de los faraones y de los césares, lo es hoy, y lo será dentro de miles de años.

La tecnología nos otorga mayor libertad, pero lo que hacemos con ella, depende de nosotros, de nuestro recto pensar, de nuestro razonamiento lógico y valores humanistas y naturalistas. Tal estado de cosas, no data desde que se construyó la primer red virtual, sino de cuando se elaboró el primer utensilio de piedra. Porque la tecnología es eso: Sólo una herramienta, el mal o al bien que se haga con ella, sólo depende de quienes la utilizan…

Cyber Friendship

Dedicado a mi enemigo Charly F., sin cuyo odio y temor por la cibernética y por quienes la protagonizamos, este artículo jamás habria visto la luz.
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