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| Reflexiones Paganas es un proyecto concebido para desarrollar ideas de todas las tradiciones paganas ancestrales; volver a descubrir el modo de vida, la ética, estética y la filosofía que profesaban las personas de la Antigüedad, para luego adaptarlas a la modernidad. Sin embargo, este blog no se limitará a desarrollar únicamente temáticas religiosas, sino a todo lo que directa o indirectamente, sea susceptible de verse con ojos paganos . La idea, es de crear un ámbito donde se pueda exponer el pensamiento ancestral, pre-cristiano, verdaderamente pagano; sus bases y fundamentos, sin mixturas o sincretismos (generalmente desafortunados). Se buscará, por un lado, orientar a quienes comienzan a transitar el sendero; pero también, informar y hacer reflexionar a aquellos que profesan otras creencias, ya que existe una gran desinformación y muchos malos entendidos al respecto de lo que, genéricamente, se suele englobar bajo el término de Paganismo . Página 1 de 18912345...102030...»Última »  Por Oscar Carlos Cortelezzi, en 08/08/2026 (17:50) Tiempo de lectura: ~8 minutos. 2359 palabra(s).
Desde hace un par de meses, he estado debatiendo en un grupo inter-religioso muy interesante de la red social Facebook… Tal vez, unos pocos de los que lean el siguiente artículo, todavía recuerden a mi foro “Religiones del Mundo”, que existió entre 1997 y aprox. 2012, y tuvo bastante éxito en cuanto a las dinámicas, los debates provechosos y la repercusión en la red. Bueno, el grupo a que aludo me ha hecho recordarlo, ya que tiene la misma mezcla de ambiente de “manicomio virtual”, lugar de una tolerancia poco común en lo que respecta a estas temáticas y de mezcla entre personas, por un lado, de alto vuelo intelectual, que intentan debatir e intercambiar ideas y, por el otro, con bandos tribales, de personas básicas, que creen que por pertenecer a una creencia o falta de ella, tienen ganado el “Cielo”, la “Verdad” o algún otro status intelectual o metafísico. Como dije, y el lector atento habrá notado, por el amplio lapso de tiempo entre ambas experiencias virtuales, no es fácil que estos ámbitos existan. Lo digo por experiencia, dado que en todo ese tiempo, busqué y/o traté de implementar sitios así, sin ningún éxito o con efímeros resultados. La intención de este artículo, es repasar un poco los aspectos básicos de lo que es un verdadero debate (o incluso un simple intercambio de ideas) en el mundo virtual, pero que también vale (con leves matices y retoques) para los procesos equivalentes en el mundo físico. Hace años, escribí una editorial, aquí en “Reflexiones Paganas”, sobre el respeto hacia las ideas y/o a las personas, que aunaba mi pensamiento pagano, el rigor científico / racionalista y la ética humanista… En esta ocasión, trataré de ampliar esos conceptos y de enfocarlos en la práctica del debate en la red y en la vida en general… ¿Se deben respetar a todas las ideas?Con frecuencia se escucha el planteamiento de que hay que “respetar todas las ideas (o creencias), “todo el mundo tiene derecho a pensar como le de la gana”, “todas las opiniones son válidas” y una plétora de declaraciones similares. Pero, el mantener ese paradigma, ¿es acaso correcto y/o deseable? Los seres humanos somos proclives a los extremos; nuestra evolución cultural obedece a un cierto patrón pendular. Eso puede apreciarse en las modas, las consignas políticas y las actitudes sociales. Tal tendencia no escapa a la forma en que se construye el mundo de las ideas. En los siglos precedentes, los humanos tuvimos la tendencia de creer que una determinada religión era la “única verdadera” (no como fe personal, sino como supuesta realidad general); que había ideologías políticas que superarían el devenir histórico y terminarían con los problemas sociales; que determinadas costumbres y tradiciones eran las “buenas”, las “decentes” (sin verificarse si realmente beneficiaban o perjudicaban a nuestros semejantes), y todas las demás execrables, decadentes o primitivas; que sólo había una inclinación sexual natural; que solo existía una moral (sin tomar en cuenta la diversidad cultural), etc. Tal ceguera intelectual y espiritual ha ido mermando a partir del avance de la ciencia, la generalización de la educación y el desarrollo de los medios de información, que (si bien pueden ser parciales y sesgados), al estar cada vez más al alcance de todos, nos permiten cada día menos “vivir en nuestra burbuja” y nos fuerzan a prestar atención al mundo que nos rodea y a la realidad de la vida. Los prejuicios religiosos, raciales y sexistas, entre otros muchos, han ido desapareciendo, pese a que todavía queda un largo camino por recorrer. El extremo opuesto: El relativismo total…Ahora bien, ese proceso, deseable como es, parece haber caído en una suerte de extremismo opuesto y simétrico al ocurrido en el pasado. En este auge del posmodernismo, la mayoría de las personas por no ser vistas como anticuadas, conservadoras o fundamentalistas, se vuelven totalmente eclécticas y abandonan toda raíz o cimentación para sus ideas y sistemas de creencias; en pos de no parecer racistas o xenófobos, muchos creen que todas las culturas son igualmente válidas y desarrolladas; por ser políticamente correctos, aceptan todo y no cuestionan nada; por democratizar el pensamiento, creen que “la ignorancia de uno es tan válida como el conocimiento del otro”, en definitiva infiriendo que: “Cada quien piensa como mejor le guste y todas las ideas son válidas”. Aquí es donde nace el problema: Todos tenemos el derecho de pensar y creer lo que más nos venga en gana, sin control, limitación o estorbo alguno por parte de los demás, de la sociedad en donde se vive; de los gobiernos y/o el Estado y sus leyes; de los factores de poder o de los formadores de opinión. Pero de ahí a pensar que todas las ideas son válidas y que toda forma de pensar debe ser respetada existe una gran distancia, y es un error ignorarla. No todos estamos equidistantes de la verdad:La realidad es la única verdad, como decía Aristóteles de Estagira, y si bien nadie puede conocerla por completo y, por tanto, nadie es dueño de la misma, no todos estamos equidistantes de ella. Por algo la cultura humana ha desarrollado la ciencia, la filosofía y la tecnología (que nos permiten “ver” y ”percibir” el mundo mucho más allá de las capacidades naturales de nuestro sistema sensorial) y todas las disciplinas del verdadero conocimiento. Si bien todos los seres humanos merecen respeto y tienen el derecho de pensar lo que quieran, y no obstante que nuestra obligación ética es no soslayar la libertad y los derechos de nuestros semejantes, tal cosa no implica abstenernos de debatir, dejar de oponernos si es necesario, e incluso combatir ciertos conceptos, ideas y creencias cuando son perjudiciales para la sociedad, para la naturaleza o para determinados colectivos humanos. No todas las ideas son iguales, no todas son respetables ni todas son válidas. Las personas merecen respeto, consideración y aceptación como seres humanos que son. El único límite para ello es que no nos agredan o pretendan coartar nuestra propia libertad de pensar, de expresarnos o de ser lo que queramos ser. Las ideas no son respetables; no deben ser aceptadas sin previo debate, razonamiento y testeo. Las mismas, son “cosas”, no seres. Por tanto, no poseen derechos ni se las puede dañar. Lo que sí debemos respetar es a las personas que sostienen dichas ideas. Toda persona con una ética humanista, debe aceptar a cada quien tal como eligió vivir y pensar. Pero lo anterior no implica, en modo alguno, abstenerse de discutir sus ideas y creencias, sin tener que aceptarlas a priori, como si todo fuera más o menos igual. Las ideas deben ser “torturadas” a través del razonamiento, sometidas a la más despiadada lógica y a la contrastación con las evidencias y argumentos disponibles, y luego sí (si fuera el caso de que demuestran su validez) ser aceptadas como parte de la realidad. El filósofo John Stuart Mill (1806-1873) defendía el debate libre como camino para acercarse a la verdad; por otra parte, Karl Popper (1902-1994) subrayaba la crítica como motor del conocimiento y Jürgen Habermas (1929-2026) puso el foco en la justificación racional dentro del diálogo. Los tres, cada uno a su modo, sostuvieron que el conocimiento avanza mediante el contraste de ideas, no mediante su blindaje frente a la crítica. Ni en la ciencia ni en la filosofía, la metafísica, la ética o la teología, pueden o deben existir temas tabúes, intocables o que pretendan “petitio principii” (petición de principio). Todo aquel que entre en un debate a exponer sus creencia, ideas y convicciones y compararlas con las de los demás, debe estar dispuesto a que todo sea debatible, que más allá del respeto y la cortesía propia de un ámbito en donde todos buscan compartir conocimientos y acercarse a la verdad, nada debe presuponerse o considerarse tan “sagrado” que no pueda ser abordado. Respetar a las personas, no a las ideas:Toda persona merece un respeto básico, por su dignidad y sus derechos; ninguna idea merece inmunidad frente a la crítica, y confundir el respeto hacia las personas con la obligación de respetar sus creencias empobrece el debate y dificulta la búsqueda de la verdad. Hay que situar el respeto moral en los sujetos, no en los objetos. Las personas pueden ser heridas, humilladas, vulneradas. Las ideas no sienten daño ni vergüenza; son productos del pensamiento y su valor depende de la solidez de sus argumentos, no de su mera existencia. El respeto hacia las personas se basa en su capacidad de vivir, sentir y ser afectadas, mientras que las ideas, precisamente, existen para ser examinadas, puestas a prueba, criticadas o incluso refutadas si hace falta. Poner a la persona por encima de la idea:El respeto es hacia la persona, no hacia la idea. El secreto es simple: ¿Dos personas tienen diferentes credos, discordantes ideologías o filosofías de vida? Pues aun así pueden ser amigos, aun así pueden ser buenos vecinos, colegas o pares. Pero, eso sólo puede darse cuando ambas partes ponen al semejante por encima de lo que este piensa, incluso si esas ideas tienen que ver con la fe y los dogmas. Si así se hace (si lo primero es la persona y recién luego viene la idea) el respeto y la tolerancia son fáciles, naturales, surgen de manera expontánea, pero no se sacrifica la lógica, no se posterga el verdadero conocimiento, la ciencia o la razón. Quienes ponen a sus ideas y creencias, a sus dioses o partidos políticos, por sobre las demás personas, no son individuos con fe ni con convicciones acendradas, sino simples fanáticos, de los cuales es prudente desconfiar. Porque, aun cuando se compartan esas mismas ideas y creencias, son el tipo de gente que no dudarán en aniquilarnos si nos movemos un ápice de lo que dicta su particular ideología. Lo anterior no implica ser inconsecuente con las propias creencias, convicciones e ideas, sino más bien establecer prioridades: Primero están los seres y luego las cosas, primero están las personas y luego las ideas. Si este concepto hubiera primado en la historia humana, no conoceríamos sobre guerras santas, inquisiciones, revoluciones sangrientas o represiones políticas. Pero, por otra parte, las ideas no son respetables en sí mismas. No hay que vivir en un alegre eclecticismo y decir que sí a todo porque parezca más armonioso y pacifista. La mayor paz se da en los cementerios, en los desiertos, en donde todo es muerte y nada ocurre o se produce. La guerra de las ideas no implica sangre; en la arena del debate, solo cae herida la ignorancia. Ninguno de los dos extremos es válido o legítimo: poner a una idea por encima de los seres humanos deviene en la barbarie, el fundamentalismo, el fanatismo y los totalitarismos. Pero aceptar toda idea con el solo propósito de no “caerle mal” al otro, de profesar una “tolerancia absoluta”, conlleva la renuncia al conocimiento de la realidad y la complicidad a favor de la ignorancia, el atraso y la mediocridad. Las ideas y las creencias erradas deben ser refutadas con datos, evidencias y conceptos racionales. Nunca se debe usar el argumento ad hominem (contra la persona). Eso, además de ser poco ético, desvaloriza el punto que se quiere demostrar. Pero, así mismo, nunca se debe renunciar a combatir el error y la ignorancia, porque si se resigna ese propósito, la persona se convierte en cómplice de esas lacras, que son el mayor factor de atraso, infelicidad y dolor en la cultura humana. La forma de la crítica importa tanto como su contenido:Distinguir el contenido de la crítica de su forma es clave. No hay que confundir el derecho a criticar una idea con el derecho a humillar a quien la sostiene. De hecho, criticar con respeto suele ser mucho más efectivo si lo que se quiere es que la otra persona reflexione, en vez de atrincherarse en su postura. No hay que confundir el derecho a cuestionar una idea con el derecho a deshumanizar a quien piensa distinto. De esa manera se preserva la libertad de criticar sin renunciar a la cortesía ni a la dignidad que le debemos a las personas. Todo esto coloca en el lugar adecuado la diana hacia la que apunta la crítica, sin renunciar a la firmeza sobre lo que uno considera verdadero o falso. Se puede disentir con claridad sin convertir esa discrepancia en un ataque a los valores de quien piensa distinto. En el diálogo público, esa distinción es lo que permite una crítica rigurosa (incluso implacable en términos de argumentos) pero respetuosa con las personas. También evita que la divergencia de ideas se convierta en hostilidad, porque, al final, no es lo mismo disentir que deshumanizar. Mantener esa línea suele fortalecer tanto el debate, la dinámica intelectual, como el respeto que, tanto a nivel humano como académico, se quiere preservar. Prudencia, contexto y a quién nos dirigimos:No solo importa qué decimos y cómo, sino también cuándo y a quién. No es lo mismo debatir con alguien que está defendiendo una doctrina en un foro intelectual, que hablarle a una persona que simplemente encuentra consuelo en una creencia y no está participando de un debate. Esto no implica necesariamente que una postura valga más que la otra, pero sí que la prudencia y el contexto importan. En filosofía eso se acerca al concepto de prudencia, esa phronesis aristotélica, donde no basta con tener razón, sino que también hay que saber cuándo decir algo y cómo. No toda verdad tiene que ser dicha en cualquier momento y de cualquier modo. Se trata de ejercer el juicio adecuado según las circunstancias. El respeto hacia las personas exige considerar el contexto, la intención y las consecuencias humanas de lo que decimos, sin renunciar a la crítica de las ideas. Cuestionar ideas es un derecho inalienable, pero sentir la necesidad de cuestionar a todas las personas en todo momento no es ético y puede ser rayano en lo patológico. Ese equilibrio plasma en el individuo una postura coherente, que sostiene la libertad de crítica y la consideración debida hacia quienes sostienen esas ideas. (En un futuro artículo abordaremos los sesgos y las falacias lógicas en los debates de la red).  Por Oscar Carlos Cortelezzi, en 09/07/2026 (16:43) Tiempo de lectura: ~5 minutos. 1381 palabra(s).
A nadie que me conozca, le resultará extraño que sea defensor enfático de la mayoría de las aplicaciones de la Inteligencia Artificial. Por un lado, llevo 40 años en la informática, por el otro siempre he abogado por el progreso tecnológico y nunca he temido su injerencia en cualquier ámbito del acontecer humano. Lo anterior no impide que admita que, en diversas áreas de las artes y las humanidades en general, el debate sobre su uso ético, sobre sus alcances y respecto de hasta dónde dejaremos que avancen, es candente y está lejos de ser zanjado. Me propongo, en este artículo, diferenciar esos niveles legítimos de debate, del ideologísmo burdo y la fobia reaccionaria… Hace algunas semanas, me des-suscribí del canal de YouTube de una conocida crítica de arte de México… Tomé esa medida con bastante pena, porque se trata de una persona experta en lo suyo y muy didáctica para su divulgación. Durante años, aprendí muchas cosas viendo sus vídeos… Se preguntarán entonces, ¿cuál fue la razón que motivó tal decisión? La respuesta es simple: Sus sesgos ideológicos, tanto políticos como de corte clasista/nacionalista, su evidente odio inveterado por el progreso tecnológico y el penoso analfabetismo digital que mostró a través de lo planteado en su vídeo… De ningún modo habría subestimado ni reaccionado adversamente, incluso estando en total desacuerdo, si esta youtuber hubiese expresado cualquier objeción que, como esteta, pudiese tener contra las herramientas basadas en IAs., pero sus argumentos fueron muy diferentes… Añoro las épocas de la historia humana en que abundaban los polímatas… Sé que eso ya no se repetirá, porque la especialización es cada vez más diversa y puntual, en cualquier área del conocimiento, conforme avanza la cultura de nuestra especie. Sin embargo, atacar a las nuevas tecnologías sólo porque no se las comprende, es lamentable incluso en una persona de poca ilustración e imperdonable en una que ya superó esa carencia. Cualquiera que tenga un cierto grado de educación, aun si se especializa en áreas totalmente diferentes de lo tecnológico, no puede desconocer completamente del tema, porque nadie puede trabajar intelectualmente hoy en día, tal como se lo hacía en los siglos XVIII y XIX, y pensar que se le tomará en serio. Esto es especialmente cierto y notorio en lo que se refiere al campo de lo informático, respecto del uso de los dispositivos más comunes, así como de los servicios y herramientas que ya son parte de la vida diaria de todos. Volviendo a mi anécdota, esta persona, la crítica de arte, publicó un vídeo en donde afirmaba que era una “atrocidad” usar a diario a las IAs, particularmente las relacionadas con los modelos de lenguaje y la creación de imágenes, porque, según ella, gastaban enormes recursos del planeta a nivel del agua (para refrigerar los equipos) y de la electricidad, debido a que sus centros de datos ya ocupan el rango de kilómetros cuadrados. Y he aquí en donde alguien como yo, ni puede seguir viendo sus videos ni puede dejar de refutar sus declaraciones, por lo falsas y desinformadas que son. Dicha persona, bien es una resentida por el hecho de que las IAs han incursionado en su campo (el arte), como ya he dicho, esa es una arista diferente del problema y admite múltiples debates; bien ha leído algún panfleto marginal o conspiranoico y quedó prendada con su contenido. Sea como fuere, la excusa presuntamente ecológica que presentaba en su vídeo, era absurda y patética, por decir poco… Veamos el porqué afirmo esto: Comunica sus ideas mediante un vídeo de YouTube, que es parte de Google Inc. y cuyos centros de datos (si bien no son centralizados como por ejemplo los de OpenAI), sumados todos, consumen mucho más recursos que el ChatGPT + Dall-E, etc. Además, en su canal indica que usa Facebook e Instagram (y seguramente WhatsApp), plataformas de Meta que, sumadas todas, consumen (al menos por el momento, a mediados del 2026) 5 a 1 los recursos de la IA más usada. Entonces, según ella, ¿si se gasta agua y electricidad en las redes sociales no importa pero en las IAs sí? Prefiero calificar lo anterior de ignorancia y no de malicia y rencor, pero sea cual fuere el motivo es patético. Ahora, les diré que todo esto tiene una arista todavía más importante: La falsedad de los conceptos básicos… El agua de los centros de datos no se usa como en algunas empresas químicas o en la minería, donde se la utiliza y luego desecha desaprensivamente y ya contaminada. Todos estos sistemas (por lo menos los que ya cité) usan ciclos cerrados de refrigeración y depuración del agua y sólo necesitan agregar un porcentaje relativamente bajo por evaporación y cuestiones similares cada cierto tiempo. Mucho más dramático es el desperdicio de agua doméstico que casi todos llevamos a cabo (y sumando millones de personas se hace descomunal en litros) y que parece no importarle a esta señora, ni a la mayoría de los pseudo-ecologistas con sesgos colectivistas. Luego está el gasto eléctrico (misma cosa que el espacio físico de los centros de datos, OpenAI gasta 5 veces menos que Meta y Google), en donde la autora del vídeo parece ignorar que todas estas empresas están a la vanguardia en el uso de la energía renovable y que aunque no fuera así, los acondicionadores de aire, estufas eléctricas y refrigeradores de un barrio en una ciudad grande consumen más que estos servicios que son herramientas fundamentales para el trabajo, el estudio y la investigación de miles de millones de personas. Respetaría su poco informado punto de vista, si al final del vídeo hubiese dicho, “bueno, adiós, mi consciencia ecológica me dicta que nunca más publique vídeos en YouTube, que no use las redes sociales ni googlee información por lo que me resta de vida…” Pero como la hipócrita o ignora erudita, si el oxímoron se me permite, no lo va a hacer y seguirá posteando cosas en las redes, ganando dinero con su canal de YouTube (esto no lo critico, yo también lo hago), mandando mensajes por WhatsApp y googleando todo lo que se le ocurra, no quiero saber más nada de ella. Y ahora diré dos cosas importantes, en general: La ecología se trata de preservar la biósfera terrestre, no como recurso natural para nadie sino porque se lo debemos al planeta y a todos los seres que viven en el mismo… y esa preservación no se logrará con hippies viviendo en chozas sino con recursos científicos y técnicos cada vez más afinados y especializados, entre los cuales las IAs ya se han destacado por resolver problemas y proponer soluciones a este respecto. En la medicina, con la detección temprana de enfermedades, como cáncer o retinopatía; en el procesamiento del lenguaje natural, que ha transformado la forma en que interactuamos con las máquina; en la optimización de procesos industriales, donde se mejora la eficiencia y la sostenibilidad y en el gran logro de la creación de modelos generativos, como en arte, música y texto, que amplían las capacidades creativas humanas. Pero hay mucho más: La predicción del clima también ha dado un salto enorme gracias a las IAs, pudiéndose prever la formación de huracanes o sequías con mucha antelación. Siendo que los modelos de machine learning permiten procesar enormes volúmenes de datos atmosféricos y mejorar la precisión en pronósticos a corto y mediano plazo. Las IAs también han sido clave en el mapeo de proteínas, especialmente con modelos como AlphaFold, que predicen estructuras proteicas con una precisión revolucionaria. Esto acelera enormemente la investigación en biología, ya que antes se tardaba años en determinar estas estructuras (se demoraron décadas en mapear 170 mil). Con IA, se han logrado definir 214 millones estructuras proteicas (en un par de años) y ahora se pueden explorar nuevas terapias, entender mejor enfermedades y diseñar fármacos más eficaces. Por todo esto, repudiar a dicha tecnología por su impacto ecológico deja a la persona fuera de cualquier planteo u objeción seria sobre las mismas y muestra el típico sesgo humano de «no sé qué es esto y parece que me perjudica en lo personal, así que lo odio y trataré de destruirlo». Digo sesgo porque es más elegante que decir “instinto de primate bípedo”, pero, quizás, esto último sea más exacto…  Por Oscar Carlos Cortelezzi, en 30/06/2026 (22:24) Tiempo de lectura: ~5 minutos. 1484 palabra(s). Cabe preguntarse, por qué algunos humanos celebran la diversidad y la pluralidad de ideas, creencias, formas de vida y cosmovisiones, considerando que tal cosa es uno de los aspectos más satisfactorios y bellos de la cultura humana, mientras que otros temen, odian o rechazan de plano a lo diferente o alternativo y cuanto más cerca lo tienen, cuanto más inside en sus vidas, con más vehemencia esgrimen condenas, amenazas y argumentos en su contra.
En este artículo trataremos de entender las razones básicas del fanatismo y cómo identificar su génesis en lo profundo de la psiquis humana. La simple y llana ignorancia…La ignorancia en sí no es un error, defecto o fallo del individuo. Sólo se trata de una carencia que el ejercicio de la voluntad, con el esfuerzo necesario, que resultará inversamente proporcional a cuan propicias sean las circunstancias y el nivel de la propia intelección innata, puede ser compensada. Por desgracia, nadie aprende sólo verdades científicas o históricas desde que nace… Progenitores y allegados nos transmiten cuentos y fábulas para niños, fantasías moralizadoras, relatos tradicionales y versiones sesgadas de la realidad, basadas en el mero empirismo de quienes se encargan de esa tarea… Luego nos fuerzan a ir a la escuela y asimilar una mezcla inconexa de saber científico e histórico, con mitos y dogmas religiosos, consignas políticas vigentes en la correspondiente época y una pasmosa masa de convencionalismos, con el aparente noble propósito de adaptarnos a la sociedad. Muy penosamente, nos lleva toda una vida el «des-aprender» los errores inculcados o la ignorancia heredada o absorbida en esas etapas tempranas de nuestro desarrollo. Es aquí donde surge la semilla del fanatismo: Muchas personas, en especial las que tienen la suerte de acceder a cierta ilustración, resisten y se plantean la vida de manera socrática, tratando de perfeccionar, depurar y corregir su conocimiento en vez de defenderlo a ultranza. Con el tiempo, aprenden a usar la lógica formal y a filtrar la información nueva, así como revisar la ya asimilada. Otros, por la desesperación que la incertidumbre les genera; por temor o para no perder el nicho de confort que ha construido su psiquis, comienzan a sentir la tensión emocional que genera la exposición a nueva información, que casi siempre contradice a sus creencias y eso se convierte, a su vez, en una creciente y más notoria disonancia cognitiva, la que requiere de un continuo aumento en la vehemencia para defenderla, para acallar las dudas que amenazan con demoler sus convicciones… El fanatismo es la versión adulta de cuando los niños pequeños se tapan los oídos, cierran los ojos y prorrumpen gritando “nana nana nana”, para no escuchar algo que les desagrada. Pero la ignorancia por sí sola, o lo que es lo mismo, el deficiente aprendizaje, no es causa suficiente o exclusiva para generar cualquier nivel de fanatismo en una persona. Ya Aristóteles de Estagira diferenciaba a aquellos individuos que eran conscientes de su ignorancia y los llamaba “modestos”, por no pretender ir más allá de su conocimiento limitado y no hacer apología de su falta de erudición, de a quienes llamaba “necios”, por hacer todo lo contrario. Es decir aquellos que imaginaban saber más de lo que realmente sabían y que se ofuscaban ante correcciones o nueva información que los contradijera. Es así que la ignorancia es un ingrediente necesario, un factor siempre presente, en toda especie de fanático, pero no el único elemento en la ecuación. Un matiz que es necesario puntualizar, es que el apego excesivo a algo es más una obsesión compulsiva que una expresión de fanatismo. De hecho, este suele implicar un marco ideológico o una causa colectiva, mientras que la obsesión puede ser un apego desproporcionado, pero sin esa estructura de ideas o sistema de creencias. Desde la psicología y la sociología:Otra forma de entender el fanatismo es como una adhesión emocional desbordada y rígida a una idea, a un grupo o una causa, que suele estar ligada a mecanismos de defensa, como la idealización, la proyección o una necesidad de pertenencia extrema. Desde esta arista del fenómeno, podemos comenzar a comprender que otro ingrediente del fanatismo es la necesidad de identificación, la distorsión del núcleo del propio ser, que se mueve del Yo o Ego hacia un factor externo al que se pertenece y en el que se deposita la justificación de la propia existencia. A un nivel sociológico, el fanatismo se percibe como un fenómeno colectivo, donde las identidades individuales se fusionan con la pertenencia a un grupo, y se refuerzan por dinámicas de exclusión, ritualidad y discurso ideológico. Ambas definiciones se complementan y son útiles para comprender los diferentes planos del lo que hemos dado en llamar fanatismo. De forma paradógica, es la diversidad de creencias, opiniones y colectivos humanos lo que genera esta lamentable deformación de la psiquis humana. Nadie es fanático de las tablas de multiplicar, de las letras del alfabeto o de las Leyes de la Termodinámica. Las cosas universalmente aceptadas, que no producen disidencia ni matices tampoco son caldo de cultivo para el surgimiento del fanatismo, dada su falta de necesidad, al no generar tensión emocional en quien maneja esa información. El fanatismo como problema social:El factor fundamental que mueve a alguien al fanatismo, es el aferrarse a algo por desesperación, por algún tipo de problema emocional o experiencia traumática, que cree palear o resolver adhiriendo a alguna idea o creencia, de manera irracional y desaforada. En ocasiones, esa tensión emocional, puede convertirse en algo endémico o social, cuando muchos encuentran una forma de consuelo o alienación en la misma creencia, idea, causa o consigna. Un colectivo humano se puede volcar irracionalmente a algo porque se le promete cambios radicales en la sociedad y como eso generalmente equivale a «vender humo», porque todo cambio requiere de un razonable proceso gradual, cuando se confronta a ese colectivo con la imposibilidad o el carácter utópico de su creencia o consigna, aumenta esa tensión emocional y de la misma manera, su grado de alienación. Es en ese punto donde la desesperación y la disonancia cognitiva individual se combinan con el instinto gregario y la necesidad de pertenencia a un colectivo «monocromo», con el cual el individuo se pueda identificar y convertirse en masa. El consecuente abandono de la individualidad es una forma de depositar fuera de sí la esperanza de salvación, de algún tipo de redención de su angustia existencial y, de ese modo, liberarse de la carga de tener que buscar esas metas por propia cuenta. En este sentido, y si bien el ambiente de origen siempre juega un papel fundamental, ya que el mismo brinda un soporte racionalista para enfrentar las creencias o ideas absurdas cuando la educación es adecuada o, en su defecto, deja al individuo indefenso ante cualquier planteo que parezca agradarle, por más peregrino que sea este, el fanatismo por adherencia irrestricta a una ideología, credo o causa ya en la juventud o adultez suele ser el más frecuente. Cuando la persona deposita sus esperanzas, inquietudes e incluso sus sentimientos en un líder, guía o redentor, sea este real o imaginario, antiguo o contemporáneo, traslada también toda posibilidad de crítica o valoración al objeto de su confianza y devoción, anulando por completo su capacidad de usar la lógica. Es por eso que rara vez alguien es fanático de una idea o creencia en donde no exista un sujeto (u objeto) real o imaginario en el cual pueda trasladar su identidad y sentido crítico. Concluyendo: La crisis de identidad; la rigidez cognitiva; el temor a los cambios sociales, la pertenencia a los grupos cerrados y la pérdida de símbolos culturales, son las principales causas del fanatismo. Salida del fanatismo:Sin la voluntad del individuo de cuestionar su propia adhesión, cualquier intervención externa queda limitada. Si se trata de persuadir al fanático, combatirá a su interlocutor más por el temor subconsciente de que se quiebre su idea salvadora, que por el hecho de que el otro piense diferente. Hay que recordar que, con frecuencia, el “grito” del fanático es más un intento de acallar las voces de sus contradicciones internas que el buscar una mayor atención de los demás. Sólo a nivel interno, la persona puede abandonar el fanatismo cuando inicia un conflicto con su identidad, una revisión crítica de sus creencias y un trabajo de reconfiguración personal, que generalmente se da cuando la ya aludida tensión emocional que todo fanático sufre, produce una ruptura en la forma en como se autopercibe y en el significado que le ha dado a su vida, hasta ese momento. Raramente un fanático puede recibir ayuda externa, porque casi nunca está dispuesto a aceptarla. En los raros casos en que eso ocurre, las estrategias de cambio suelen centrarse en crear espacios de reflexión y crítica de las propias ideas o creencias, pero, al final, la decisión de abandonar el foco de fanatización es personal e intransferible. Página 1 de 18912345...102030...»Última » | Universo Pagano webmaster@universo-pagano.com http://www.universo-pagano.com/ Oscar Carlos Cortelezzi Universo Pagano Proyecto de reconstru-cción, divulgación y redes-cubrimiento de todas las tradiciones paganas ances-trales y del legado que ofrecen a la Humanidad. Esta página, tiene por objeto la difusión y redescubrimiento del Paganismo. Además, el promover, difundir y defender el Paganismo, como religión, forma de vida, filosofía, sistema ético y modo de ver la Vida. Divulgar su naturaleza y contenido, redescubrir sus antiguos valores, historia, mitología y conceptos éticos. Crear un ámbito de debate abierto, donde todo esto pueda generarse con libertad y seriedad.
Universo Pagano es un proyecto nacido en 2001 que tiene por finalidad el encontrar puntos en común entre todas las tradiciones del Paganismo; difundir toda la información posible sobre éste; esclarecer sus puntos controversiales y dar soporte a todos aquellos paganos que quieran publicar sus ideas y creencias en la red. Únete a la Página »» Únete al Grupo de Facebook »» Síguenos en Twitter »» Reflexiones Paganas en Facebook:Otros canales de podcasts:Oscar Carlos Cortelezzi (En Facebook): Oscar Carlos Cortelezzi (OscarCo)
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