Reflexiones Paganas

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    Ángel (Gustave Dore) Ángel, proviene del latín angelus = “mensajero”. A su vez, este proviene del griego: ἄγγελος (ángelos) y del hebreo bíblico: םַלְאָךְ (mal´ak). La etimología original es: “Mensajero”, “representante”. Leer más... 

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Reflexiones Paganas es un proyecto concebido para desarrollar ideas de todas las tradiciones paganas ancestrales; volver a descubrir el modo de vida, la ética, estética y la filosofía que profesaban las personas de la Antigüedad, para luego adaptarlas a la modernidad. Sin embargo, este blog no se limitará a desarrollar temáticas religiosas, sino todo lo que directa o indirectamente, sea susceptible de verse con ojos paganos.

De lo que se trata, es de crear un ámbito donde se pueda exponer el pensamiento ancestral, pre-cristiano, verdaderamente pagano; sus bases y fundamentos, sin mixturas o sincretismos (generalmente desafortunados). El objetivo es buscar, por un lado, orientar a quienes comienzan a transitar el viejo sendero; pero también, informar y hacer reflexionar a quienes profesan otras creencias, ya que existe una gran desinformación y muchos malos entendidos al respecto de aquello que, genéricamente, se suele englobar bajo el término de Paganismo

 Día Miércoles 16, de Abril de 2014 

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Este blog comenzó el 13-08-2012, hace: 611 días...

Última actualización: 08-04-2014

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Los conceptos e ideas vertidos aquí, no obedecen ni reflejan las creencias de su autor, ni tratan de plantear ninguna postura filosófica frente al misterio de la Muerte. Se trata sólo de un relato de ficción, que tiene por finalidad hacerlos dormir menos tranquilos durante las noches…

Pese a ello, existe una solapada e inherente intención, más profunda, en los relatos. Es la de tratar de usar el pensamiento lúdico y el terror, para mostrar lo absurdas y limitadas que son las ideas humanas más comunes, sobre lo que puede venir después de esta vida. Así que si bien la trama es pura ficción, quizás logre hacerlo meditar un poco sobre tales trascendentales asuntos…

II.- El Limbo

El Limbo¡Malditos somos, quienes estamos aquí…! Este es un lugar sin nombre, donde llegan aquellos que han sido olvidados. La penumbra nos envuelve. Aquí es donde reina la permanente duda, sin conclusión posible, sin posibilidad de avance.

Nubes oscuras son mis únicas ideas, mi memoria se interrumpe por una muralla sin nombre, ilimitada, la cual no sé si yace en el ayer de un corto lapso o en eones innominados del pasado. Pero las nubes parecen tener pequeños albores, aunque grises y opacos y la muralla, a veces, muestra míseras y repugnantes grietas, las cuales que me permiten ver más allá.

Lo que vislumbro es incomprensible para mí. Me contemplo recién nacido, salido de las entrañas de otro ser. Me veo a mi mismo como una débil y pequeña masa de carne, sucia y maloliente, que lucha por vivir, pero que luego de un corto lapso, expira.

¿Habré sido yo esa “cosa”? ¿Habré llegado aquí luego de ello?

No soy el único en estas tinieblas sin nombre. Raramente, encuentro a otros que comparten mi lúgubre destino. Algunos de ellos son como yo, sólo sombras sin pasado ni memoria, no profieren palabra alguna, solo gruñen y suspiran… Algunos otros, sí me hablan, aunque poco comprendo, pues nunca tuve lo que ellos llaman “una vida”.

Unos pocos de estos seres, aducen haber sido notables y sabios entre sus pares… Me pregunto qué será “saber”, ¿Implicará conocer o haber visto más que la bruma gris, la cual respiramos o el barro eterno, que nunca se seca ni deja de cubrir a nuestras sombras, pese al paso del tiempo? Bah… Si es que como esos “sabios” dicen, el tiempo realmente transcurre.

Alguien, de entre ellos, me contó una vez, que todo esto existe porque hay unos nefastos seres, perversos y mezquinos, que han sentenciado en lejanos tiempos, que aquellos que no pertenecían a su particular credo, aún siendo inocentes (no sé que significa esta palabra, pero la repito, conforme me fue dicha), llegaban a este sitio, al final se sus vidas.

Luego de mucho tiempo, deduje que ese fue mi destino: Nací y morí en esa forma carnosa, débil y simiesca, antes de que estos pérfidos malditos, conjuraran mediante sus extraños rituales “salvíficos”, a esos seres iracundos y vengativos, que condenan a todos los que no creen en ellos, aún en el caso, como fue el mío, en que no tuve noticia de que existieran, ni que nadie me pudiera enseñar sobre esa maldición que se ciñe sobre los que han nacido. El ritual no fue consumado y por tanto yaceré aquí por siempre…

Yo soy uno de los pocos que recuerdan, al menos entre las sombras que son de mi clase. La mayoría sólo deambula, gimiendo y llorando por siempre. Nada hacen, nada cambia para ellos. Todo es gris, frío, húmedo y silencioso.

Pero ese no es el peor destino, de cuantos son posibles de sufrir aquí. Hay otras clases de horrendos seres, unos engendros, que casi prefiero no nombrar.

No pueden moverse, se mezclan con el barro eterno y con una especie de líquido bituminoso, que los recubre completamente, el cual semeja a una mezcla putrefacta de sangre y una sustancia acuosa, verdinegra, con un olor abominable.

No hablan, me figuro que no conocen como hacerlo, aunque sus sombras parecen estar tan malformadas o incompletas, que no han de poder emitir otra cosas que los cacofónicos chillidos que profieren.

Están todos fundidos entre sí, conformando una masa de carne en descomposición, que a duras penas semeja a un grupo de seres que podrían haber sido humanos…

Los hombres sabios, me dicen que son “los no nacidos”, aquellos que vieron frustrados sus derroteros a la existencia mortal, por no ser queridos por sus progenitores. ¡Me aterra pensar que estuve cerca de ser uno de ellos! Aún con mi mísera existencia, al menos soy una sombra… No una de esas masas innombrables de pestilencia gimiente.

También están los locos. Son ellos unas sombras mayores que yo… Tal vez fuera que llegaron a vivir más años, en ese otro mundo o existencia, que las nubes o el muro en mi mente, no me deja contemplar.

Son horribles seres… Sus faces sin rostro, sus huesos sin carne, sólo gritan de manera infernal, repitiendo siempre el mismo alarido: “¡NO EXISTO, NO SOY, NO CREO!”. Todos dicen lo mismo, todos lo repiten sin parar, en una eterna letanía que los enloquece y lleva al borde de la demencia a las sombras que los ven pasar.

Su andar es lento, cansino, agónico, reptante… Semejan gusanos de ataúd, más que remedos de mortales. Su destino es el horror, un eterno grito de pavor sin fondo, una eterna visión de negrura abismal.

Luego están, como ya he dicho, los “hombres sabios”. Por lo poco que me han contado, ellos son el cúmulo de grandes seres que vivieron antes de que el nefasto credo surgiera, durante los incontables siglos previos al decreto de nuestra condenación. También unos pocos, que vivieron después, pero sin conocer a esa extraña y cruel fe.

A veces, puede oírse un clamor, entre las ilimitadas tinieblas y vapores que nos rodean… Son estos “notables” que discuten entre sí o consigo mismos, sobre sus ideas y vidas pasadas. El ruido es tenue, pero se mezcla tanto, pues tantas son las voces, que nada de ello es inteligible. El clamor sólo dura un rato, luego vuelve el silencio y las sombras callan por otro período indefinido… Ya que, repito, el tiempo aquí no existe.

Me ha ocurrido, el ver a otro tipo de sombras: Son las “almas en pena”. Los sabios dicen que, de entre todos nosotros, ellos son los únicos que yacen en este fango de penumbras por su propia voluntad.

Parecen esperar, nadie sabe qué… Parecen buscar o bien tratar de hacer algo, que nunca ocurre o se vislumbra. Algunos de ellos corren como si huyeran de algo. Pobres infelices, no entiende lo que incluso yo sé: No hay aquí a donde ir, todo es igual y nunca cambia. Otros están tan quietos como los troncos de los árboles muertos (no sé bien que es un árbol, pero los hombres sabios me han hablado de ellos) y profieren largos lamentos, rítmicos, lentos y tan tétricos que, según se dice, a veces logran penetrar la barrera que separa a nuestro mundo de sombras de aquél otro, donde los vivos moran. Entonces se manifiestan allí, por cortos lapsos, en las noches oscuras, en las tinieblas y brumas similares a la de éste, nuestro mundo.

La última clase de seres que deambulan por aquí, es en realidad la más abominable. Son las almas sin rostro, los naturales del limbo. Ellos estaban aquí desde antes que ningún otro, mucho antes de que se inventara la fe que es nuestro anatema. Son los que nos rodean siempre, los que hacen temblar a todos aquellos que moramos en las sombras.

Tales seres no hablan, pero nos transmiten una idea: “Esperad, esperad… No pasarán mucho tiempo, sino un instante entre las eras de la Eternidad, para que la nefasta fe fenezca, para que desaparezca el decreto. Entonces todos Uds. podrán descansar en el misericordioso y real olvido, en la verdadera inexistencia y, por fin, dejarán a nuestro mundo en paz”.

Pero no sé si eso será cierto… No conozco mucho sobre las cosas… En todo caso, no importa. No hay esperanza posible, porque aquí el tiempo no existe y un segundo del que transcurre en el mundo de los mortales, es para nosotros, las horrendas entidades del Limbo, una lúgubre y sombría eternidad; un tiempo sin fin, en el lodo, el silencio y la soledad.-

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~ OscarCo ~
Oscar Carlos Cortelezzi
Abril, 2014
Buenos Aires, Argentina
reflexionespaganas.com
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• Ver también: Reflexiones sobre la Inexistencia: La Nada.

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Oscar Wilde

What is a cynic? A man who knows the price of everything and the value of nothing.

¿Qué es un cínico? Un hombre que conoce el precio de todo y el valor de nada.

(Oscar Wilde, 1854 – 1900)

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OrtopraxisTodos aquellos que hemos emprendido la difícil, ardua y nunca acabable labor de reconstruir alguna de las tradiciones paganas ancestrales, nos hemos visto frente a una especie de “pared infranqueable” o a una encrucijada en donde la mayoría se pierde y abandona el reconstruccionismo u opta por mezclarlo con elementos foráneos…

Ese terrible obstáculo, tiene que ver con la disyuntiva de “¿qué es lo que se debe reconstruir?”; con la cuestión de mensurar en la realidad, en la vida práctica del mundo moderno, “¿qué es lo que queremos revivir, volver a practicar?”, de “¿cuál es el balance exacto entre lo ancestral y lo moderno?”.

Cada tradición, colectivo, grupo formalizado o, incluso, individuo que estudia en “solitario”, toma diferentes caminos y abordar diversas interpretaciones a este respecto.

Algunos resuelven el dilema de manera “brutal” (en el verdadero sentido de la palabra): Pretenden volver a vivir como hace 1000, 2000 o 3000 años, abandonando el mundo moderno (en la medida que les es posible, claro está).

Sin tratar de descalificar esta opción o actitud, es forzoso pensar que conlleva una visión retrógrada, obsoleta de la vida y que, casi siempre, también muestra cierto nivel de pensamiento “lúdico” o de hipocresía, dado que en el fondo, esos paganos “tan tradicionalistas”, viajan en sus automóviles o usan el moderno transporte público, trabajan en oficinas o en actividades que involucran industrias, tecnología y modos de vida que nada tiene que ver con “lo ancestral”; usan la Internet y la telefonía celular y sólo practican ese “ortodoxo y purista reconstruccionismo” en los momentos de ocio o cuando sus actividades “normales”, se lo permiten.

Otro de los caminos “ortodoxos” (ortodoxia proviene del término latino orthodoxĭa, y éste del griego ὀρθόδοξια, de las raíces ὀρθός -orthós, “correcto”, “recto”- y δόξα -dóxa, “opinión”, “creencia”), es el de formar grupos, “órdenes” o colectivos de cualquier tipo e ir generando reglas en base a lo que algún “maestro”, o grupo de “referentes”, considera que es el camino correcto… Estos personajes, suelen pretender la posesión de la “fórmula exacta”, la alquimia perfecta, para reconciliar ambos mundos. Esta vía, también resulta sesgada y limitada a la hora de comparar lo que, de verdaderamente ancestral, tiene su resultado (casi siempre nada o muy poco y no pocas veces antagónico al saber arqueológico, antropológico e histórico, que sobre la cultura relacionada, manejan los verdaderos eruditos en la materia) y cuanto de puro agregado discrecional o acomodaticio.

Luego están aquellos otros, dados al ocultismo y a la peregrina creencia de que en verdad existieron “órdenes iniciáticas” que han mantenido incólume el legado ancestral, que el mismo nunca fue eclipsado o perdido, que está “guardado” en oscuros sitios, libros o lugares de reunión de los que participan en estas “elites”. Todo eso, no es otra cosa que pura fantasía, la cual es reforzada constantemente con el típico sentido de “pertenencia” que se generan en las logias y órdenes secretas o cerradas. Pero conviene aclarar que, no es que estos grupos no existan, lo que ocurre es que ni son reconstruccionistas (porque mixturan lo que saben del pasado con sus propias lucubraciones y ensueños) ni tampoco poseen ningún legado que vaya más allá (en el mejor de los casos) de unos 100, 200 o 300 años atrás.

Pero incluso, en el redescubrimiento de las culturas ancestrales, para quienes tomamos las cosas con sentido común y seriedad, se plantea un problema todavía mayor: ¿Qué parte o que estadio de la religión de la misma vamos a “reconstruir”?

Por ejemplo, en el kemetismo (reconstruccionismo egipcio), nos enfrentamos al hecho de que la religión prehistórica, la predinástica, la dinástica temprana, la de la III y IV dinastía (responsables de las grandes pirámides); el apogeo del culto solar en la V dinastía; la religión del Imperio Medio, la del Nuevo, la del Período Tardío y las ya más sincréticas, de los períodos persa, ptolemaico y romano, son todas completamente diferentes entre sí. Existiendo, es verdad, “núcleos” tradicionales ininterrumpidos, pero que no bastan o no pueden ser abordados “per se”, todos juntos y sin diferenciación. Para ser más precisos, habría que decir que incluso, en cualquiera de esos períodos, en la Cuenca del Nilo, coexistieron muchas religiones diferentes, a un mismo tiempo.

¿Y qué si abordamos a la Hélade? ¿Cuál es la religión “correcta”? ¿A cuál época nos referimos y cuál nos centramos? ¿Los minoicos de Creta y las islas del Egeo? ¿Los pelayos, nativos, previos a los aqueos? ¿La religión de homérica, la de los micénicos? ¿La de Orfeo? ¿La del Siglo de Oro de Atenas? ¿La de los tiempos de Alejandro Magno y el mundo helénico? ¿Las “escuelas de misterios” de Eleusis (y tendencias místico/mistéricas afines), de los pitagóricos, neoplatónicos, etc…? Además, ¿Cuánto de la magna filosofía de los griegos agregaremos a esa ecuación? ¿La dejaremos por fuera de la religión? Y un largo etc…

Lo anterior, también comprende a lo geográfico: ¿Cuál sería la verdadera religión de los nórdicos? ¿Qué hay que reconstruir? La mayoría cree que Odín era el “Rey de los Dioses” para todos los vikingos, daneses, germanos, escandinavos, etc… Sin embargo, esto nunca fue así. Según la época y el lugar, se adoró como dios principal a Wotan (versión germánica de Odín), Tyr, Thor, Frey y otros… Lo que la arqueología y el revisionismo histórico nos muestra, a veces, no es lo mismo que las tradiciones de los Eddas y las Sagas, que fueron escritas mucho tiempo después y a veces por personas que ni siquiera creían en aquellos dioses. Tampoco aquí deja de existir un eje central, pero es más complejo y difícil de ver en la medida que se profundiza y estudia la mitología y la historia de los pueblos relacionados.

¿Y qué sobre el druidismo y el paganismo celta en general? Pocos entienden que cada tribu (o por lo menos grupo de ellas) tenía un panteón de dioses diferente; practicaba rituales disímiles y, con frecuencia, antagónicos. ¿Qué hay que reconstruir de todo eso, cuál parte, cuál época?

Incluso, todavía hay más problemas: Hay cosas que nuestros conceptos humanistas modernos nos inhiben de “recrear”. Cosas que por otro lado, serían ilegales y criminales. Si se aborda el paganismo romano (“Cultus Deorum”) no se puede revivir la lucha de gladiadores (en su origen, una suerte de sacrificio humano en honor de los difuntos de las familias patricias). Si se lo hace con el celta, no podemos reeditar el “Hombre de Mimbre” o los sacrificios en los pantanos de turba.

Además, si nos propusiéramos ser puntillosos en la recreación de la parafernalia ritual, el reconstruccionismo sería impensable en algunas tradiciones: En el kemetismo deberíamos disponer de millones de dólares para armar altares, templos y objetos rituales como los que usaban los antiguos sacerdotes. Tal cosa no sólo sería demencial, sino que (aunque dispusiéramos de esos recursos) nos mostraría como locos, frívolos y superficiales. Sin profundidad espiritual. Sencillamente, el oro significa, hoy en día, una cosa muy diferente del sentido sagrado y no “comercial” o “financiero” que poseía en tiempo de los faraones. Antes era la “piel de los dioses”, ahora es el metal estándar usado en la economía mundial.

Ante la visión de estos caminos sin salida, que aparentemente no conducen a ningún lado o bien generan sólo colectivos “cerrados”, en donde el valor de lo que se produce allí sólo tiene sentido para sus miembros, la gran mayoría de los paganos (y de todo el resto de las personas en general) ven al “reconstruccionismo” como una labor fútil, como algo imposible (a veces, como algo casi bizarro o demencial).

Pero entonces, cabe preguntarse, ¿Existe alguna alternativa? ¿Hay alguna forma de reconstruir el legado ancestral sin caer en el atavismo; en la “secta” o grupúsculo o en actitudes bizarras?

Sí, la hay… Se trata del camino de la ortopraxia. Este término, deriva del griego moderno ὀρθοπραξία (orthopraxia) y significa “correcta acción o actividad”. Se trata de un término que refiere la priorización del enfoque ético, de las costumbres y rituales operativos y sensatos, por sobre los dogmas, atavismos y la fe en los orígenes de una creencia.

La ortopraxia, consiste en no creer nada sin tamizarlo primero, mediante un espíritu crítico, y de buscar rescatar sólo lo valioso, lo que fue positivo y bello en los tiempos antiguos, no todo el cúmulo de la cultura, por el sólo hecho de provenir de la nación o la civilización que nos interesa.

La ortodoxia implica repetir, continuar en lo mismo, copiar todo sin pensar lo que es adaptable, benéfico u operativo para el siglo XXI; sin crítica alguna, por el sólo hecho de que nuestros ancestros paganos lo practicaban (o lo creían). La ortopraxia es un camino diferente: Se busca recuperar la esencia, de la forma más pura y exacta que se pueda; se estudia de por vida para perfeccionarla, para depurarla, para quitarle todo viso de sincretismo equívoco con otras religiones. Pero también se deniega, se deja en el olvido o para el mero recuerdo de la historia académica, todo aquello que fue una lacra, un error o simple consecuencia del primitivismo y la superstición del pasado.

El paganismo recostruccionista que opta por la ortopraxia, adapta lo antiguo a lo nuevo, de manera fiel y sin mezclas extrañas, pero con el propósito de vivir en el mundo moderno, de darle un sentido a la vida (real y actual) más poderoso, honorable y amplio que el que puede ofrecer el mero materialismo. Sin embargo, no se piensa en la bizarría de imitar el pasado sin pensar en que se está haciendo, sino en recuperar la llama, dejando las cenizas a un costado. Reconstruyendo la esencia pero con estructuras modernas y con la iluminación que la Ciencia, el Humanismo, la Filosofía y la Tecnología han traído a la Humanidad, desde el Renacimiento a esta parte, más o menos desde hace 500 años.

El reconstruccionismo ortopraxico no es “evolucionismo”. Difiere, de esa otra tendencia pagana (muy respetable, por cierto), en que no agrega nada ni pretende “mejorar” o actualizar las antiguas creencias. La ortopraxia, nunca piensa en lo ancestral como algo “primitivo” que hay que perfeccionar. Sólo infiere que se requiere una “poda” de las ideas, doctrinas, prácticas y mitos; una limpieza, un cierto filtrado, para hacerlas viables y coherentes con la vida moderna, el conocimiento científico y la ética humanista / naturalista, que toda persona consciente debe (o debería) tener en nuestros tiempos.

El “Paganismo” tal cual fue, una vez, hace miles de años, no volverá… Ha muerto… Debemos honrarlo y celebrar sus pasadas glorias. Pero no hay que llorarlo, porque el Paganismo en su esencia, en sus raíces y arquetipos primarios, vive de nuevo, ha renacido… En realidad nunca murió del todo, pues yace en la propia Naturaleza, para todo aquel que lo quiera descubrir, en cualquier época y tiempo.

Sin embargo, lo sabio es entender como adaptarlo y usarlo para una mejor vida en el “hoy”, sin quedarnos ensoñando en el ayer. El reconstruccionismo es mantener la llama, es trasmitir la sabiduría de los ancestros; no es cargar con las cenizas del pasado ni con los huesos de los muertos.

Además de todo esto, la mecánica de la ortopraxia, nos permitirá crear un pan-paganismo, donde todas las verdaderas tradiciones puedan (sin hacerse una sola, y siempre manteniendo la hermosa pluralidad y diversidad de que goza el legado ancestral), unirse para lograr objetivos comunes, en perfilar valores éticos globales y así presentarse como un colectivo útil para la sociedad, respetado por ésta y respetable por todo aquel que posea una consciencia pensante.

Si la primera regla directriz del paganismo reconstruccionista es la rigurosidad en el estudio del pasado, utilizando sólo las fuentes históricas y bibliográficas fiables y antiguas; el conocimiento arqueológico y antropológico y los datos que las diversas disciplinas de la Ciencia ofrezcan sobre un tópico en particular, la ortopraxia debería ser la segunda. La regla que permita dinamizar la reconstrucción y hacerla viable. Se trata de, una vez obtenido el conocimiento del pasado ancestral, saberlo adaptar y conciliar con el presente, sin sacrificar de él ni un sólo “átomo” de su integridad y esencia por mezclarlo con creencias foráneas o religiones ajenas, pero sí despojándolo de todo atavismo, de toda lacra primitivista o de estrechez mental que, producto del menor nivel de conocimientos sobre el Universo que se poseía hace miles de años, éste pudiera arrastrar hasta nosotros.

Un reconstruccionismo pagano, riguroso pero a la vez ortopráxico, posibilitará el traer a la luz, de nuevo, todo lo valioso de lo que “fue”, sin que se contamine con nada ajeno, pero también sin que se manche con nada que la Humanidad, en su constante progreso, ya haya superado y dejado atrás.-

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~ OscarCo ~
Oscar Carlos Cortelezzi
Marzo, 2014
Buenos Aires, Argentina
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Hay que aceptar a cada uno como es, pero jamás pedir disculpas por como es uno.

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