Reflexiones Paganas

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    Ángel (Gustave Dore) Ángel, proviene del latín angelus = “mensajero”. A su vez, este proviene del griego: ἄγγελος (ángelos) y del hebreo bíblico: םַלְאָךְ (mal´ak). La etimología original es: “Mensajero”, “representante”. Leer más... 

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Reflexiones Paganas es un proyecto concebido para desarrollar ideas de todas las tradiciones paganas ancestrales; volver a descubrir el modo de vida, la ética, estética y la filosofía que profesaban las personas de la Antigüedad, para luego adaptarlas a la modernidad. Sin embargo, este blog no se limitará a desarrollar temáticas religiosas, sino todo lo que directa o indirectamente, sea susceptible de verse con ojos paganos.

De lo que se trata, es de crear un ámbito donde se pueda exponer el pensamiento ancestral, pre-cristiano, verdaderamente pagano; sus bases y fundamentos, sin mixturas o sincretismos (generalmente desafortunados). El objetivo es buscar, por un lado, orientar a quienes comienzan a transitar el viejo sendero; pero también, informar y hacer reflexionar a quienes profesan otras creencias, ya que existe una gran desinformación y muchos malos entendidos al respecto de aquello que, genéricamente, se suele englobar bajo el término de Paganismo

 Día Lunes 28, de Julio de 2014 

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Este blog comenzó el 13-08-2012, hace: 714 días...

Última actualización: 27-07-2014

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Actualización de estado:


UpdateNOTICIA IMPORTANTE: Lamentamos comunicarles a todos nuestros lectores, que el servicio de “Repost” que ofrecíamos en el blog ha dejado de funcionar.

Tal decisión no tiene relación alguna con la voluntad del responsable del site ni de sus colaboradores. Sencillamente, la empresa que ofrecía dicho servicio, el cual era por demás útil e interesante, porque permitía reproducir un artículo en otros blogs o sites, sin incurrir en ningún tipo de violación del copyright ni generar “contenido duplicado”, dejó de prestar el servicio.

Por lo tanto, hemos retirado todo el código relacionado con la herramienta en cuestión y limpiado las bases de datos del blog. De ahora en más, la herramienta no estará disponible y el botón de “Repost”, ya no se visualizará.

Para la mayoría de los lectores de “Reflexiones Paganas”, esto ha de pasar casi desapercibido. Este comunicado es, más que nada, para poner en conocimiento de quienes han reposteado o reblogueado contenidos en sus sites mediante este mecanismo que, lamentablemente, los mismos desaparecerán de sus sitios a la brevedad (la empresa ha anunciado que discontinuará el servicio a finales del corriente mes).

Es una pena, pero no depende de nosotros y, por el momento, no existe ninguna alternativa para reemplazarlo.

Desde luego, siguen vigentes las otras muchas herramientas que hemos implementado para poder compartir, imprimir o referenciar contenidos, pero “Repost” ya no más.

Lamentamos las molestias del caso. Gracias por entender.-

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Pericles

Just because you do not take an interest in politics, doesn’t mean politics won’t take an interest in you.

El hecho de que tú no se interesan por la política, no significa que la política no se interesen en ti.

(Pericles, 495 – 429 a.C.)

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New AgeEsta es una pregunta que me he hecho a mí mismo, desde que era adolescente… En aquellos tiempos, yo también pasé por una de esas desafortunadas etapas “new-ages”, antes de madurar en el sendero que hemos elegido, como paganos que somos.

Claro, eso ocurrió cuando tenía 16 años y, poco después, terminé por conocer la respuesta… Ahora, sólo planteo el interrogante de manera retórica, para motivarlos a pensar en el asunto que quiero tratar en el presente artículo.

Como decía Carl Sagan, la Humanidad, pese al maravilloso avance que, hasta el momento, a tenido la Ciencia y la Tecnología (que entre otras cosas permiten que ahora mismo ustedes estén leyendo este post, sin importar el país donde se encuentren), corre el riesgo de caer en otro período de oscurantismo, que podría ser tan horrendo y profundo como el inmediatamente posterior a la caída de Roma o el de los tiempos de la Inquisición Española.

Esto es así, porque las masas menos educadas o impregnadas de ideologismos, transmitidos por los medios o generados por sus prejuicios sociales, ven a la Ciencia como una parte más del tal mentado “sistema” al que pretenden destruir o cambiar. La mayoría no entiende, que la Ciencia y el progreso son los únicos caminos para terminar con la pobreza, la iniquidad y las miserias humanas.

Por esta razón, los más inclinados a lo “político” o lo “social”, fomentan las teorías de las conspiraciones y los odios xenófobos o clasistas. Pero hay otro sector de la sociedad, cuantitativamente importante, que no apunta a ello, sino a supuestos “valores espirituales”. Esto, en sí mismo, no tiene nada de malo, sino que incluso, podría ser positivo, si no fuera porque esos valores son falsos. Falaces, como todo concepto o postulado que esté reñido con el real conocimiento de las cosas, que sólo el verdadero método científico puede brindar al Hombre.

Es así, que tras cada ciencia, existe una pseudo-ciencia asechando, buscando cooptarla, nulificarla. La física tiene a la parapsicología, la astronomía a la astrología, la química a la alquimia, la medicina (alopática, vale decir, la real) a la homeopatía, la acupuntura, etc… Y así, podríamos seguir con cada disciplina del conocimiento y sus contrapartes oscurantistas.

Las personas, necesitan creer y esperar “algo mejor” y sus subconscientes las empujan a buscar estos horizontes en lo que otros ofrecen y no en base a sus propios logros. Entre los prejuicios y atavismos antes citados y ese deseo de “soluciones mágicas” para sus problemas, enfermedades y traumas, es de donde surge la New-Age y su enorme poder de captación.

En los últimos tiempos, han aparecido innumerables charlatanes y farsantes que ofrecen productos, “medicinas alternativas” y soluciones que la más elemental lógica o el sentido común, harían rechazar de manera inmediata. El éxito de tales propuestas, evidencia lo mucho que la Humanidad le queda por madurar.

Hoy por hoy, pueden verse infinidad de gurúes de la “medicina natural”, convenciendo a las personas para que beban agua de mar (la cual afecta el hígado, deshidrata, puede tener microorganismos peligrosos y además contiene elementos químicos dañinos para el organismo humano); agua oxigenada (sí, la misma que se usa en el proceso de teñido del cabello o para desinfectar heridas, técnicamente conocida como “peróxido de hidrógeno” o H2O2); cantidades de bicarbonato de sodio (sin un propósito definido); zumo de limón en ayunas (al cual, pese a su pH de 2.3, lo consideran “alcalinizante” -el jugo gástrico del estómago, que posee un alto contenido de ácido clorhídrico, tiene un pH de 1.0 y el valor neutro, es 7.0, considerándose alcalina a toda substancia que esté por encima de ese valor) y muchos otros dislates semejantes…

A lo anterior, habría que agregar el consumo de infusiones herbarias, no recetadas por un médico competente, bajo la presunción de que por ser algo “natural” no puede intoxicar al organismo; así como la ingesta de una cantidad de alimentos exóticos y dudosos, en cuanto a sus propiedades nutricionales y sanitarias.

He llegado a escuchar, a desquiciados que aconsejan no lavar los vegetales, porque (según ellos) la “tierra” posee nutrientes “valiosos” para nuestra salud, sin recordar que esos vegetales pudieron estar en contacto con defecaciones de animales que pueden poseer peligrosos parásitos alojados en sus intestinos; con productos tóxicos, larvas de insectos, etc…

Está claro que detrás de muchos de estos casos, hay personas corruptas, que usan la credulidad de quienes son ingenuos para llenar sus bolsillos. Pero esto no explica al fenómeno en su raíz, sino que es sólo una variable más de la ecuación. Sí todo el problema fuera la obra de charlatanes y estafadores, no sería preocupante. Lo realmente alarmante, es la facilidad con que la sociedad abandona los métodos científicos de nutrición y la medicina ortodoxa y los cambia por toda esta colección de ridiculeces.

No hay que olvidarse de referir, a algunas de las “terapias alternativas” verdaderamente invasivas y hasta peligrosas, como la “colónica” (eufemismo para aludir a una demencial serie de enemas semanales, que pueden destruir la flora intestinal o producir lesiones internas), la ingestión de infusiones o zumos de hongos (generalmente, producto de la descomposición de otros organismos, como el de Kombucha -“Medusomyces gisevi”- u hongo manchuriano, por ejemplo), de licuados con componentes que NO SON alimentos y cosas parecidas… Todo esto, con el supuesto propósito de “depurar” el organismo.

La mayoría de las personas parecen no conocer que, el cuerpo humano, si recibe una alimentación balanceada, la cantidad de agua suficiente para hidratarse y una razonable higiene y ejercitación física, es capaz de depurarse a sí mismo, sin necesidad de agregar “cosas raras” a la rutina diaria de la subsistencia.

¿Acaso no se entiende, que nuestra especie vivió durante decenas de miles de años sin la necesidad de todas esas estupideces? (Que en el mejor de los casos son inocuas y una pérdida de tiempo y dinero; pero en el peor, pueden ser dañinas para la salud y hasta mortales).

Una práctica extrema que, según uno podría pensar, parece el producto de alguna secta de lunáticos, perteneciente a algún rincón perdido del mundo, pero que sin embargo ya se cobró varias vidas de personas modernas, occidentales y residentes en poblaciones urbanas, es la de “vivir sin comer”, o sea “alimentarse” de prana (nombre sánscrito para la “energía vital”) o bien de la “luz solar” (como si los humanos fuéramos vegetales y pudiéramos llevar a cabo fotosíntesis). ¡Aunque cueste creerlo, hay personas con educación universitaria que creen y practican esto!

En realidad, el “matarse” tratando de lograr una vida más prolongada, plena y “elevada” o incluso en pos de perseguir una ilusoria inmortalidad, no es una “locura” moderna. El primer emperador de China, Qin Shi Huang Di (h. 260 a 210 a.C.), murió envenenado por el consumo de mercurio, oro, jade en polvo y otras sustancias, con las cuales pretendía prolongar su vida. Lo mismo le ocurría a los alquimistas del medioevo, que se intoxicaban con los vapores de sus crisoles o se envenenaban a sí mismos con sus pociones.

Otra cosa que hay que entender, es que un alimento no es bueno sólo por ser “orgánico”. Conozco granjas “orgánicas” de mi país (la Argentina) que riegan a sus cultivos con aguas cloacales, por lo que el ínfimo factor de contaminación corporal que presupone la ingesta de vegetales fumigados con herbicidas (que se pretende evitar, al optar por alimentos cultivados “naturalmente”), es reemplazado por la, muy alta, posibilidad de contraer una infección por Escherichia Coli o salmonelosis (o cosas todavía peores).

También es preciso comprender que una infusión herbal puede ser agradable y saludable de vez en cuando, pero si se las consume en exceso, bajo la premisa de que por ser una “planta” (o sea algo “natural”) y no provenir de la industria farmacéutica, ya es buena per se, podemos enfermarnos gravemente. Hay que tener en cuenta que las plantas medicinales poseen uno o más componentes activos y que si se los ingiere sin control, pueden intoxicar a nuestro organismo.

EstupidezCuando un medicamento es creado o descubierto, casi siempre proviene del mundo natural, mayormente de los vegetales. Pero los investigadores aíslan las sustancias químicas activas en ellos y las sintetizan. Con esto, se garantiza varias cosas que la ingestión directa de las hierbas no puede controlar: Primero que nada, una píldora con ese principio activo, posee sólo eso y algunas otras sustancias que sirven de excipiente y conservadoras del mismo. Por tanto, los profesionales de la medicina, pueden dosificar con absoluta precisión, la cantidad de la droga o componente que desean suministrar al paciente. Esto no ocurre con el consumo de vegetales, porque es casi imposible una dosificación perfecta.

Además, y quizás esto sea lo más importante: Casi cualquier hierba, posee decenas de sustancias químicas, no sólo la que interesa para utilizar como medicina en relación con una patología dada. Por tanto, al consumir éstas, la persona está incorporando cantidad de cosas a su organismo, sin control alguno. La más de las veces, esto no produce problemas serios, pero si el consumo se hace frecuente y en cantidades notables, pueden sobrevenir problemas graves en la salud.

En realidad, es otra cuestión de sentido común: ¿Por qué se piensa que la ciencia médica, que ya tiene al menos 2000 años de experiencia acumulada, va a conocer menos que un improvisado que leyó algún dudoso catálogo herbolario o sencillamente aprendió algún truco rural, viendo preparar infusiones a su abuela?

Pero hay todavía cosas peores, algunas de las cuales deberían ser objeto de penalización jurídica…

Ciertos “gurúes” de la New Age, desde hace unos años a esta parte, están aconsejando a los padres de niños pequeños que ¡no vacunen a sus hijos! Según arguyen, las vacunas afectan o disminuyen sus sistemas de defensas naturales… Para mí esto es rayano en lo criminal y los padres que prestan oídos a estos delincuentes deberían ser penalizados también… Pero dejando la consideración moral de lado: ¿Acaso antes de inventarse las vacunas, los niños vivían más sanos, fuertes y felices? ¿No basta con estudiar las estadísticas de mortandad infantil, por diversas enfermedades virales, para entender que las “odiadas” vacunas han salvado millones de vidas y han evitado defectos físicos y mentales a otras tantas?

¿Es que el fanatismo por la espiritualidad light o la locura “conspiranoica” (contra el “sistema”, las multinacionales y las grandes potencias), pueden cegar las mentes hasta tal punto?

Pero, y ahora llegamos a la cuestión de fondo, la que ha dado el título a este artículo: ¿Dónde están los superhumanos? Sí… ¿Dónde están? … ¿A cuáles me refiero? Se preguntarán ustedes… Pues muy sencillo: Las prácticas de la New Age; las “terapias alternativas”, “depuraciones” y demás, ya llevan casi 50 años entre nosotros (pues comenzaron hacia 1965, o quizás antes). Entonces, ¿Dónde están los superhumanos resultantes de tantas “depuraciones”, de miles de horas de “meditación”, terapias herbolarias; alimentaciones macrobióticas, zen, “galácticas” o del tipo que fuere; de la abstinencia de vacunas; de la ingesta de “cosas raras” que no son alimentos, pero que algún alquimista de hace 1000 años o un gurú de hace 20, aconsejaba con denuedo?

¿Por qué todos estos locos de atar, viven la misma cantidad de años que las personas normales? ¿Por qué también se enferman de cáncer, mueren de infartos o accidentes cerebro vasculares? ¿Por qué no tienen más resistencia a las enfermedades o mayor fuerza física e inteligencia? ¿Por qué se resfrían o se les infectan las heridas (al igual que a todos nosotros, los mortales “no depurados”)? ¿Por qué no han aumentado su capacidad sensorial o sus dotes psicomotrices?

Es más, ¿Por qué la mayoría de ellos parecen tener físicos similares a “cáscaras de huevo”, que se rompen o dañan ante el primer percance? La explicación, risible, que ellos dan, es que al tener el “organismo depurado”, las toxinas, bacterias y desbalances alimenticios, los dañan más fácilmente (en comparación con quienes llevan a cabo vidas “no depuradas” -léase: normales), del mismo modo que se nota más una mancha negra en una tela limpia que en una sucia.

Ahora, digo yo: Si no hay tales seres superdotados… Si tantas prácticas bizarras, anti-científicas y desaconsejables por parte de la medicina seria y formal, NO PRODUCEN a estos “superhumanos”, si la salud de los “adeptos” a la New Age no es mayor (sino por lo general mucho más débil) que la de las personas que mantienen una vida sana pero normal (o sea, quienes simplemente optan por dietas balanceadas, ejercicio físico, buen descanso, etc…), ¿para que demonios habríamos de practicar tales cosas? Es más, cabe preguntarse: ¿Qué inspira a estos individuos a llevar a cabo todo aquello y a esforzarse fanáticamente en ello?

La respuesta nos lleva al comienzo del artículo: Es una simple postura dogmática… Como la de aquellos que odian lo que se produce en un país “enemigo” y por tanto no lo consumen, aunque por tal abstinencia perjudiquen su calidad de vida, su salud y su longevidad.

Desde luego, todo esto es parte de la libertad de cada quien. Nadie pretende quitarles a estos “iluminados”, la posibilidad de llevar a cabo tales prácticas, ni siquiera es lícito limitar el accionar de los gurúes y farsantes que inventan todos estos dislates (excepto cuando se pone en riesgo la vida de menores de edad o de seres inocentes)… Después de todo, cada quien debe seguir su camino y optar libremente por lo que su destino le ofrezca como alternativas para vivir.

De lo que se trata esta suerte de denuncia, este llamado a la cordura, es de vivir con lógica, con sentido común, con practicidad y buscar el “estado de bienestar” de una manera lúcida, acorde con lo que las disciplinas del conocimiento real de las cosas (la Ciencia y la verdadera Filosofía), nos muestran como viables y no perdernos en tanta bobada, en tanto divague místico y “luminoso”, que sólo llena nuestra alienación y sólo vacía nuestros bolsillos.

Algunos me podrán decir: “¡Son los factores de poder, quienes quieren hacernos creer que nada de eso sirve…! ¡Son las multinacionales productoras de alimentos, las farmacéuticas; los gobiernos de USA y afines, quienes ocultan la verdad!”. Pues, ¿saben qué? Yo prestaría oídos a tales afirmaciones, aunque fuera de manera efímera, si realmente existieran esos “superhumanos” de los que hablo… Pero no los hay… ¡No existen! Si existieran, algunos ya deberían tener 40 y tantos años y hacerse notar en la sociedad. Otros, que comenzaron tales prácticas cuando todavía eran jóvenes, hace décadas, ahora deberían poseer una salud de hierro, promediando sus 80 o 90… Pero nadie los encuentra… No se ven casos así, en ningún país. Los estudios médicos imparciales, no observan ninguna diferencia apreciable, ninguna cosa que pudiera alertarnos sobre las bondades de dichas costumbres…

Nada mejor que lo anterior, a la par del estudio objetivo del conocimiento científico disponible en la actualidad, para demostrar que todas esas prácticas bizarras no conducen a nada…

Nada mejor, para descalificar a la New Age y sus patrañas, que preguntarse (y preguntar a los promotores de todas esas ideas falsarias): “¿Y los superhumanos, dónde están?”.

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~ OscarCo ~
Oscar Carlos Cortelezzi
Junio, 2014
Buenos Aires, Argentina
reflexionespaganas.com
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Arthur C. Clarke

Two possibilities exist: Either we are alone in the Universe or we are not. Both are equally terrifying.

Existen dos posibilidades: Que estemos solos en el Universo o que no lo estemos. Ambas son igualmente terroríficas.

(Sir Arthur Charles Clarke, 1917 – 2008)

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I. Mercantilismo, Patrimonio y Paganismo:

Estafa Siempre he pensado, que el Paganismo no se lleva bien con los colectivismos, la lucha de clases, las ideas socialistas utópicas y demás cuestiones relativas a la “malevolencia” del dinero, del “Capital”, como lo llaman los marxistas y populistas. Que tampoco es congruente con las críticas al deseo de poseerlo, acumularlo o gastarlo en lo que a uno mejor le venga en gana. Por supuesto, en la medida que se lo haya ganado, o heredado, legal y honestamente y, más importante todavía, que se lo posea.

En los tiempos primitivos, las únicas personas verdaderamente libres, eran quienes no estaban arraigadas a su herencia o patrimonio; a una familia, clan y posición social. Por desgracia, en la civilización moderna ocurre todo lo contrario. El hombre carece de libertad para hacer, crear y expandir su consciencia y sus horizontes, si no posee el patrimonio y los bienes necesarios, para cursar y llevar a buen puerto, cualquier plan o meta que, a sí mismo, se imponga.

El individualismo, al estilo pagano, no admite presiones de nada ni de nadie. No es ajeno a la solidaridad para con sus semejantes y a la compasión por todo lo viviente. Pero la misma, será siempre ejercida voluntariamente, no por obligación, ya sea que provenga del chantaje moral, el costumbrismo o bien de la coerción ejercida por parte de los colectivos, las instituciones, las iglesias o los Estados.

La cooperación con los demás, no debe ni puede nacer del instinto de auto-conservación o del miedo, que surge cuando a uno le ponen una pistola en la nuca o amenazan la vida, la integridad o el futuro de nuestras familias, sino mediante la empatía, generada a partir del ejercicio soberano y autónomo de la propia voluntad.

La solidaridad, la cooperación y la compasión, solo pueden nacer de la reflexión y del ejercicio de nuestra razón, iluminada por la intuición y el conocimiento empírico, de que todos somos iguales y sufrimos las mismas penalidades y miserias en la Vida.

Dicha forma particular de individualismo, así como una férrea convicción en la meritocracia, el abordaje del control de la propia vida (auto-responsabilidad) y el ser fieles y consecuentes con el Destino, es nuestro camino, el camino del guerrero.

El pagano no espera que, un “Padre Estado” o el “comandante” de la “revolución” de turno, le resuelva sus problemas. No le entrega porciones de sus libertades o le jura obediencia a nadie que no sea más fuerte, más sabio o mejor que él mismo. Por tanto, no confía en nadie más, en lo que respecta a la búsqueda del éxito, en cualquier empresa que se proponga. Él y sólo él, será el artífice de su destino, y si ha comprendido el secreto del sendero, siempre ha de saberlo y de tenerlo presente. Como dice el viejo proverbio: “Si quieres que algo salga bien, hazlo tú mismo”.

Del mismo modo, jamás espera que sus dioses, por “milagro”, le hagan crecer un huerto en su jardín, para no morir de hambre. Al menos no, sin esfuerzo de su parte y sin mediar las condiciones biológicas y meteorológicas, viables para el cultivo.

El único “milagro” en que el pagano cree, es en la Vida misma y la posibilidad que los dioses o el Destino (según cada quien lo quiera ver) le ofrecen para vivirla a pleno, disfrutarla y dejar en esta Tierra, un legado perdurable, útil, benéfico y honorable, durante los años que se tengan para transitar por ella.

El verdadero seguidor del Paganismo, aún practicando la “magia” bien entendida, es decir como un medio ritual o bien introspectivo, para acercarse y estar en armonía con la Naturaleza y con sus dioses; para aquietar su interior y buscar el equilibrio; para germinar las virtudes que conforman su camino y para “conocerse a sí mismo”, jamás cae en el “pensamiento mágico”.

Tal aberración del intelecto, no tiene nada que ver con el método o el objetivo de la magia pagana, la cual es un arte psicológico y espiritual, no un trivial intento de “comerciar hechizos” con las fuerzas del Universo o de lograr lo sobrenatural, lo imposible.

El “pensamiento mágico”, es una distorsión cognitiva, lo cual no es otra cosa, que una patología psíquica. La misma, consiste en pensar que las soluciones llegarán por sí solas, sin cambiar las variables que intervienen en el evento y que produjeron el problema; sin mediar el ejercicio de la propia voluntad enfocada en resolverlo y el esfuerzo físico y/o material, puesto en ello.

Lo sobrenatural, NO EXISTE, toda solución llega a través de medios naturales y acordes con las ineluctables leyes del mundo físico. Podemos apelar al uso de las más sutiles e inclinarlas a nuestro favor, pero nunca esperar milagros o el cambio de la imperturbable voluntad de los dioses, expresada a través de las cadenas causales (determinismo), del azar y del propio Destino.

Para que algo se solucione, se requiere un cambio (en el plano material) y para que el cambio exista, se requiere movimiento; inversión de tiempo y energía, enfocados en un objetivo determinado. Ningún pagano que se precie de tal, caerá en la ilusión (típica de los “new-agers”) de pensar que el “Universo trabaja para nosotros” sino que, muy por el contrario, sabrá que somos insignificantes partículas de polvo estelar, libradas a nuestra propia suerte, en los abismos del espacio y signados por las leyes de la física, el azar y la causalidad.

La creencia en “revoluciones”, en la “magia” (sobrenatural), en los “milagros” o en la “suerte”, es síntoma de debilidad de carácter; de falta de dominio del propio ser y de la ausencia de temple ante los avatares del Destino. Ciertamente ése no es, el camino del pagano…

Éste sabe muy bien, que ninguna ley o decreto de sus gobernantes, puede acarrear su prosperidad, por más bien intencionada que ésta sea, si no existen los recursos naturales, las materias primas, la infraestructura productiva y el desarrollo económico para que esto suceda. Son los colectivos de individuos, los productores, los comerciantes y los trabajadores, los que generan la prosperidad, no los políticos, los comandantes revolucionarios o los dictadores.

También sabe, que no puede contar con sus dioses para cambiar se suerte, que el éxito, la prosperidad, la gloria y la grandeza, deben ser obtenidas por el camino del héroe o del sabio, del guerrero o el maestro. Los dioses acompañan, muestran y aconsejan durante el camino, pero no intervienen en las batallas de los hombres.

En la mayoría de las tradiciones no se acepta la existencia de “milagros” ni de hechos o actos “sobrenaturales”. Todo ocurre según el orden cósmico y el azar. A esta combinación inextricable, los paganos la llamamos “Destino”, el cual a nadie le es dado conocer, ni siquiera a los mismos dioses. Tampoco se acepta, el dejar el propio futuro en manos de terceros (sean estos líderes políticos o “gurúes” espirituales).

La “secta” o el “partido” (o cualquier ámbito que masifique a las personas), son lugares que el pagano mantiene lejos de su camino y de sus “negocios” e intereses; tanto del transcurso de su vida material, como de la espiritual.

Nuestros dioses no son “redentores” ni “salvadores”, sino mentores que nos impulsan al heroísmo, la búsqueda de la Sabiduría y a una vida honorable. No nos prometen el “reino de los cielos” ni una ilusoria “salvación” eterna, sino la realización personal, si perseveramos.

Todo pagano busca su supervivencia y éxito personal en solitario (pues somos individuos, no masa), trabajando para ello con esfuerzo y sacrificio… Como guerrero que es, trata de empujar e incentivar a sus pares para que hagan lo mismo. Sin embargo, sólo cuando coincide en sus objetivos o metas, se decide a cooperar con otros individuos. En general, gusta de trabajar en equipo (familia, sociedad comercial, colectivo con intereses mutuos), pero únicamente si hay un claro “norte” en común.

Un “equipo” es un colectivo de individuos pensantes y capacitados en una tarea específica, enfocados en un proyecto común, mientras que la “masa” es una acumulación fortuita de seres, que no hacen uso de su intelección.

El pagano nunca pasa el tiempo llorando en los rincones ni gritando reivindicaciones sociales. No reza, sino es para acercarse a lo divino. Jamás pasa por su mente el ruego desesperado o servil. Sabiendo que la Madre Naturaleza es generosa, pero no hace acepción de persona, ni es susceptible de atender a nuestros caprichos o míseras necesidades humanas, de manera particular, discrecional o antojadiza.

Sencillamente, CONOCE que el Cosmos no está hecho a la medida del Hombre sino que, por el contrario el Hombre es el resultado de las leyes que ordenan y que han hecho evolucionar al Cosmos. Recordando, además, que tampoco estas leyes tienen por qué ser funcionales a los deseos o anhelos de nuestra especie (ni de ninguna otra).

Por todo esto, los paganos, como libertarios e individualistas que somos (o deberíamos ser, porque muchos están profundamente desviados de este rumbo), tendemos a preferir el libre mercado, la actividad privada, la administración de nuestro propio dinero y la libertad de empresa.

No obstante lo anterior, tales pautas conductuales y filosóficas, NO SIGNIFICAN el ser partidarios del capitalismo salvaje (del “neoliberalismo”, como se le llama en los últimos tiempos), sino de uno equilibrado y democrático; con igualdad de oportunidades y derechos civiles y legales para todos; sin monopolios y siempre teniendo a la Justicia como a un valor fundamental.

El pagano entiende que toda búsqueda de la justicia social, nace de la educación, de la obra de los individuos y colectivos más excelentes, que traten de mover la frontera del paradigma y del sistema imperante hacia un nivel más justo y equitativo. Sin embargo, conoce muy bien, que para lograr esto, primero deben cambiar las personas (sus mentes, sus valores y principios) y sólo después de ello, podrán hacerlo las sociedades y las naciones.

Cada quien, dentro del Paganismo, es libre de profesar la ideología política y de proponer el sistema económico que su razón y sus convicciones le indiquen como lo mejor para su época y lugar. Pero recordará siempre, que nada bueno ha de existir en todo aquello que lo limite como ser humano o, con el pretexto de promover su prosperidad o la de los demás, esclavice o trastorne su vida y su destino.

Debe quedar claro, entonces, que el ganar dinero no está reñido, en modo alguno, con la forma de vida pagana y nadie pretende que, en nuestra ética, se pondere el “abandono del mundo”, de las pasiones y de los bienes materiales, al estilo de los ascetas hindúes, los jainas, buddhistas o los monjes cristianos.

Si alguno quiere hacer lo anterior (lo cual no está vedado por ninguna tradición), tal empresa, sólo tendrá sentido y será útil y válida, si se la lleva a cabo por un tiempo específico y buscando un objetivo concreto, como podría ser un rito de pasaje, una iniciación, un retiro espiritual momentáneo o la búsqueda de un experiencia “visionaria” (shamánica), entre otras posibilidades. Pero nunca será recomendable, como modo de vida permanente. La industriosidad y la socialización son dos de las virtudes capitales entre la mayoría de las tradiciones paganas. Conviene no olvidarlo.

II. Búsqueda de la plenitud y la abundancia:

Como se ha dicho, cualquier propósito de abstinencia o abandono de los intereses mundanos, es para el Paganismo una posible herramienta para buscar y obtener un logro. Nunca puede ser válido o tener sentido, si se lo aborda como un modo de vida permanente. En muchas de nuestras tradiciones, tales prácticas existen, pero sólo son instrumentos para lograr un fin específico (sea éste de corte material, físico, intelectual o espiritual).

Es así que alguien, puede “ayunar” para depurar su organismo, generar un particular estado de cosnciencia, regular su metabolismo, etc… Pero jamás lo hará con una intencionalidad “penitente”, como se practica comúnmente entre judíos, cristianos y musulmanes.

Otro tanto se da con la abstinencia sexual: Algunas tradiciones proponen períodos de mantenimiento de la misma, pero con el fin de alcanzar un estado psíquico específico, manejar ciertas “energías” fisiológicas en la magia, ya sea ésta mental o ceremonial, etc… Sin embargo, jamás se hará tal cosa abordando la creencia de que el pleno, libre e intenso ejercicio de la sexualidad, en cualquiera de sus formas, es algo negativo o que pueda constituir un “pecado” o una violación a algún “mandato moral”.

De hecho, muchas otras tradiciones, aconsejan el ejercicio de una sexualidad intensa y frecuente, tanto para el mantenimiento de una vida plena, como para alcanzar, virtualmente, los mismos objetivos antes citados. Es sabido que, por ejemplo, la magia sexual es de capital importancia en los rituales paganos.

Con el dinero, y la ganancia del mismo, acaece otro tanto: Un pagano puede preferir, por un tiempo, vivir con frugalidad, buscando un fin determinado. Lo cual podría ser, tener libertad para estudiar, experimentar la vida o aventurarse a un didáctico nomadismo, viajando por el mundo o lo que fuere; incluso, en un caso extremo, podría donar sus posesiones a otros. No obstante, y esto debe quedar claro, la búsqueda de la prosperidad en la vida, no sólo es válida en la filosofía conductual pagana, sino recomendable y reconocida como una virtud.

Un prolongado desinterés por el bienestar físico y material y la displicencia a la hora de buscar la prosperidad, nos habla de una conducta equívoca, desde el punto de vista del ideal pagano.

Además, los paganos modernos, somos seres urbanos y normales, y por tanto no carecemos de necesidades en cuanto a bienes y servicios o a la búsqueda del placer necesario (supervivencia) y del suficiente (felicidad o “estado de bienestar”), como todo otro ser humano. Pues, por el hecho de practicar una religión minoritaria y (por ahora) exótica, no dejamos de pertenecer a dicha especie ni de sufrir las mismas necesidades y penalidades.

Así que nada hay de malo, incluso dentro de la más rigurosa ética pagana, en la pretensión de una justa retribución por el propio trabajo, por el esfuerzo que se comparte con otros (cuando previamente no se lo ha declarado como “ad honoren”) y en emprender cualquier actividad comercial o remunerativa, dentro del esquema de las actividades que nos suelen ocupar, en nuestro colectivo.

Sin embargo, toda decisión humana, todo acto, sea por comisión u omisión, puede ser llevado adelante con o sin ética. En eso estriba el secreto de cómo debe conducirse el pagano, dentro de las actividades comerciales y/o profesionales, y es de lo que tratará la parte principal del presente artículo.

III. La ética como norte de toda actividad pagana:

WiccaEs preciso que todo pagano entienda algo: Nosotros no creemos en el Bien y el Mal como fuerzas absolutas o ajenas al corazón y la psiquis del Hombre; no creemos (por tanto) en el pecado, las “condenaciones”, “salvaciones” o “redenciones”. Ni siquiera creemos que debemos ser “buenos” o “puros” en el sentido judeo-cristiano del término, sino que más bien nos centramos en ser honorables, honestos, justos, aptos, valientes y consecuentes con el camino de la moderación, el sendero medio, el sentido común y el cumplimiento de nuestro destino.

Para el pagano, la única “impiedad” es atentar contra el equilibrio de la Naturaleza, el Orden y la “Verdad-Justicia” (la Ma’at a la que se referían los egipcios) o, lo que es lo mismo, promover el Caos (el “isfet”, del kemetismo) y, con ello, atrasar la cultura y la civilización; destruir el conocimiento o el arte, o tergiversar los valores espirituales de nuestros ancestros.

Por otro lado, el único “pecado” que podemos cometer, es depreciar la sacralidad de la Vida o bien, destruir a la Madre Naturaleza o a su orden ecológico y su armonía.

Pero es precisamente por eso (y no al contrario), que no “todo vale”, no todo es digno y honorable, por más libres y “anárquicos” que seamos.

Por todo ello, hay una ética pagana en lo que respecta al mercantilismo, y MUY ESPECIALMENTE en lo que redunda en las actividades propias de nuestras tradiciones: Como la formación y mantenimiento de órdenes, logias o covens (u organizaciones de cualquier tipo), la venta de cursos y matrículas para el estudio de alguna disciplina; de seminarios o inscripciones para conferencias de pago; la comercialización de insumos para rituales u objetos de culto; la venta de artesanías; la organización de tours (“viajes sagrados”), retiros espirituales o eventos de cualquier tipo (ya sean efemérides, encuentros para promover la socialización o la celebración de alguna otra cosa) o el cobro por servicios, iniciaciones, rituales de magia y demás cuestiones…

Además, habría que recordar, que hay dos valores o virtudes capitales en el Paganismo, las cuales han de cumplirse, fomentarse y ponderarse en toda actividad que se tome como profesión, medio de vida o vocación.

La primera de estas es el areté, la virtud griega de la auto-superación personal, de la búsqueda del constante perfeccionamiento y de la excelencia, en toda empresa o actividad que se lleve a cabo. De este modo, el pagano procura hacer lo mejor, dar su mejor esfuerzo en todo lo que se proponga y en cada una de sus acciones, sin importar las energías que deba consumir en ello.

El ofrecer un producto o servicio mediocre, sesgado o diferente del esperado o solicitado por el alumno, el cliente o receptor de nuestro trabajo, es una imperdonable falta respecto del honor y la honestidad, que todo pagano debe mantener a cada momento de su vida.

En tiempos antiguos, el areté se demostraba y cultivaba en el campo de batalla, en las virtudes como guerrero, pero también en la búsqueda incansable del filósofo o del iniciado. Héctor y Aquiles fueron ejemplo de lo primero, en los tiempos homéricos; Pitágoras y Orfeo de lo segundo, en los albores de la era clásica.

Hoy en día, el “campo de batalla” suele ser el mundo urbano y el sendero de conocimiento, los sitios públicos de reunión, la Internet y los medios de comunicación; las universidades e instituciones de investigación. Todo esto no importa: Las formas y la “cosmética” del entorno ha cambiado, el sagrado destino del pagano, no.

La otra virtud o principio conductual, también puede definirse muy bien con otra palabra griega: La kalokaghatia, es decir, “la unión perfecta de lo bueno con lo bello”. Más adelante, el filósofo Platón y la tardía escuela neoplatónica, añadirían a la ecuación “lo verdadero”.

Esta concepción, que se extiende a todo nivel o aspecto de la Vida, tiene una clara directriz en lo que se refiere a las actividades laborales, comerciales o lucrativas. Se trata de jamás producir, crear o elaborar bienes, ofrecer servicios o cualquier clase de prestación, sin hacerlo bien, guardando la estética en todos los sentidos (no sólo en la evidente calidad de lo producido, sino en el decoro, la mesura y la “etiqueta” con que se proceda a ello) y siempre obrando con honestidad… Ofreciendo o produciendo lo que, realmente, los demás esperan de nuestro trabajo.

En síntesis, el ceñirnos a la kalokaghatia, nos obliga a ser honestos y eficientes en nuestras labores, mantener la excelencia en la calidad de lo que obramos y llevar a cabo cualquier intercambio, transacción o pacto con honestidad, veracidad y honor.

Nada hay más refractario y repugnante para el pagano, que la estafa, el fraude, el engaño o la mentira. Tres son las que considera como peores faltas: No dar término a lo que ha comenzado; mentir o faltar a su palabra o no poner el máximo empeño en toda empresa que el destino o su propia voluntad, le fuercen a cumplir.

Pero antes de tratar de reflexionar a fondo, sobre cada uno de los particulares aspectos que colindan entre nuestras religiones o actividades espirituales paganas y la cuestión del dinero, el mercantilismo y las transacciones comerciales, conviene hacer un poco de “historia” antigua y reciente. Es necesario ver, como ha evolucionado tanto el Paganismo como ese parásito, cada vez más enquistado en nuestro movimiento, que ha dado en llamarse “New-Age”, muy particularmente, desde algunas décadas a esta parte.

IV. Un poco de Historia:

El comercio y la prestación de servicios (del tipo que fuere), son actividades tan antiguas como las primeras manifestaciones culturales de nuestra especie. Esto a potenciado en gran medida el progreso humano, primero de la cultura como tal y, más tarde, de la civilización en sí misma.

Dos elocuentes ejemplos de ello son la invención de la rueda y de la escritura. En ambos casos, ingenios originados a partir de la búsqueda de la optimización del comercio. La una para el mejor y más rápido transporte de mercaderías e insumos, la otra para etiquetar y clasificar a los mismos. Tanto los sellos cilíndricos de Uruk, en Sumer, h. 3300 a.C., como los primeros jeroglíficos egipcios, encontrados en Abydos, en la tumba del “Rey Escorpión” (h. 3250 a.C.), tenían esa función.

La actividad comercial, mejoró la calidad de vida humana mediante la adquisición de productos, a los cuales no se podría acceder (o no se los podría crear) por propia cuenta; por el intercambio de información y técnicas que estas actividades suponen y, muy especialmente, por la creatividad que debe utilizar todo individuo, dedicado a estos menesteres, si desea competir con éxito frente a sus pares. Este progreso o evolución, se dio tanto a nivel biológico (expansión de la corteza encefálica), como cultural (acumulación de conocimiento transmitido de generación en generación).

Además, este tipo de puja, la competitiva, favorece (y siempre ha favorecido) al resto de las personas, proporcionándoles productos más atractivos, más complejos e innovadores, de mayor calidad y abundancia o servicios cada vez más especializados y eficientes.

Ahora bien, pese a que la anterior, es la forma “ideal” y teórica de como funciona este principio económico y como promueve el progreso de la cultura, el conocimiento, la calidad de vida y el bienestar humano, hay que reconocer que tiene su lado oscuro…

Mientras que siempre han existido empresarios, comerciantes, prestadores de servicios; profesionales, artesanos y artistas, de la actividad que fuere, honestos, responsables, metódicos y buscadores de la excelencia en su actividad, no es menos cierto que han habido y pululado todo tipo de estafadores, vendedores de quimeras, charlatanes y farsantes en todas las épocas, lugares, culturas y sistemas de creencias. El Paganismo, antiguo y moderno (tal como ha ocurrido con cualquier otra religión o filosofías de vida), nunca ha podido escapar a esta triste regla del comportamiento humano.

Desde tiempos muy antiguos, abundaron los sacerdotes que, haciendo uso del “ilusionismo” (o sea, de la “magia de salón” que, hoy en día, se puede ver en el teatro o la televisión), estafaban a los incautos creyentes de uno u otro dios o grupo de ellos.

Se sabe, que el mismo Herón de Alejandría (10 al 70 d.C.), uno de los mayores ingenieros e inventores de la Antigüedad, diseñó puertas de templos automáticas, así como estatuas móviles, que operaban en base a mecanismos hidráulicos y de vapor. Por supuesto, esto generaba la admiración y el temor de los fieles asistentes a los rituales, que allí se realizaba.

También existían los rufianes que pretendían vender “secretos mistéricos” o “iniciáticos” por abundantes sumas, los filósofos corruptos y toda una serie de personajes “dedicados al servicio de los dioses”, que abultaban sus bolsas se dinero invocando sus nombres.

La corrupción y la estafa, nunca tuvo ideología, color, religión o nacionalidad. Pero de tanto en tanto, aparecen nuevas “herramientas” que dan estímulo a las mismas. Quienes suelen vivir de la credulidad y la ingenuidad ajena, prestan buena atención de esto.

Sería muy largo de enumerar la serie de fraudes, descubrimientos científicos mal entendidos por las masas; supuestos “maestros” espirituales, “santones” y nuevas religiones que nacieron, florecieron y se expandieron en base a la mentira, el engaño y el aprovechamiento de la superstición, el miedo, las esperanzas y anhelos de las personas crédulas.

El evocar los casos paradigmáticos en este sentido, tal vez sea materia para otro artículo. Sin embargo, cualquier interesado en ellos, puede documentarse fácilmente, ya que ninguno es, o ha sido, un secreto.

Para lo que nos ocupa, es suficiente con recapitular sobre lo ocurrido en los últimos 20 o 30 años… Si bien los orígenes más remotos de la New-Age pueden retrotraerse hasta los tiempos victorianos (segunda mitad del siglo XIX), fue de la mano de la contracultura de los años ’60s (del siglo XX) cuando ésta cobró verdadero ímpetu.

Desde entonces, fue enquistándose en los sectores de alto nivel adquisitivo de los países de Occidente, al punto de convertirse en una verdadera industria, con tres rubros principales: Las pseudo-ciencias, las medicinas alternativas y las creencias espirituales exóticas. Todas estas cosas, siempre tomadas con frivolidad, de manera ecléctica y con supina superficialidad.

Inevitablemente, esto devino en la aparición de innumerables grupúsculos de espiritualidad “light”, de gurúes y “expertos” en toda clase de disciplinas. Muchas de las cuales eran el producto de sincretismos desprolijos o bien de puras invenciones por parte de “iluminados”, “contactados” o “maestros”.

En los últimos años del siglo XX, fue la “parapsicología” entre otras pseudo-ciencias (utilizadas por miles de charlatanes, sin estudio o preparación real sobre esos temas), el antro más apto para ganar dinero fácil a través de “servicios”, cursos y venta de productos, etc…

Tal vez, en razón de la nimia popularidad con que contaba por aquellos años, dentro del concierto de las religiones del mundo, el neo-paganismo estuvo al margen de esto por algunas décadas. Hasta entrado el presente siglo, era mucho más común el observar errores o malentendidos motivados por la falta de información, que verdaderas estafas o fraudes en nuestro medio.

Probablemente, fue la Internet la que cambió el panorama. Gracias a la red, el Paganismo pudo darse a conocer como una fuerza pujante y renovada, con diversas tradiciones trabajando en pos de la reconstrucción del legado ancestral. Además, la misma permitió contactarse a los seguidores de muchas vertientes diferentes que se habían mantenido “caminando en solitario” por largos años. Pese a ello, no es menos cierto que la facilidad para difundir ideas y productos, ha contaminado a nuestro ambiente y ha llenado al mismo de indeseables, improvisados y charlatanes.

En esto, han intervenido varios factores. El principal, fue la pluralización de covens wiccans y el eclecticismo descontrolado en que cayó esta tradición, pasando de tener una docena de variantes serias y controladas por linajes a una pléyade de grupos sin control, manejados por personas sin la debida instrucción e incluso, en muchas ocasiones, con intenciones espurias.

En los últimos años, los que hace mucho tiempo estamos empeñados en recuperar el verdadero paganismo para las generaciones futuras, hemos visto, no sin tristeza y enojo, como los nombres de nuestras diversas tradiciones, de los dioses y de todo lo que, para nosotros, es sagrado, son utilizados para la venta de todo tipo de “cursos”, “iniciaciones” y rituales ridículos.

Utilizándose, para captar incautos, imágenes, títulos y personajes ficticios del cine, la televisión y la literatura o prometiendo la adquisición o el desarrollo de habilidades, facultades o “poderes” INEXISTENTES (o sólo accesibles a los que dedican décadas o una vida entera a su obtención), a través de algún método oneroso pero a su vez factible de cursar en pocos días…

Otros, no conformes con lo anterior, inventan títulos y honores y se los adjudican a sí mismos; crean “grados de iniciación” (los cuales, por supuesto, sólo ellos pueden ofrecer) y prometen absurdos, respecto de “facultades psíquicas” a adquirir o conocimientos arcanos a poseer.

Por supuesto los “videntes” y “visionarios”, quienes afirman poder penetrar los secretos más profundos de las personas o de los mismos dioses, no faltan en la ecuación; todavía hacen su dinero, tal como miles de años atrás.

Nadie que posea cierto grado de ingenuidad, carezca de preparación científica o entrenamiento en el pensamiento racional; que no sea conocedor de la historia de los “movimientos ocultistas” de los últimos 300 años o que adolezca de muchos años de experiencia en el Paganismo, está exento de caer en las garras de estos rapaces.

Pero hay dos grupos de “riesgo”: Los adolescentes que están comenzando el camino y las personas de mediana edad que han entrado en crisis por algún cambio drástico o fracaso en sus vidas. Todas esas alimañas antes enumeradas, saben muy bien como buscar a sus presas, entre los mismos.

Es así como, hoy por hoy, están las cosas en el Paganismo. ¿Qué se puede hacer a este respecto? Pues, por desgracia, no mucho… La gente crédula o proclive a buscar soluciones “mágicas” a sus problemas; los débiles de carácter y los no habituados al pensamiento racional, siempre serán presa fácil de estos delincuentes.

Sin embargo (y pese a no conservar demasiadas esperanzas en cuanto a lograr un cambio), es obligación de quienes, de uno u otro modo somos referentes del Paganismo moderno, el advertir sobre este fenómeno y recordar a los seguidores reales, honestos y sinceros de nuestras tradiciones, CUALES SON las inapelables reglas éticas que deben regir la conducta de TODO VERDADERO PAGANO.

V. Algunas nociones éticas:

CharlatanismoA la hora de tratar de pautar nociones éticas mínimas, para todos aquellos paganos que se dedican a comercializar productos y servicios, surge una diferenciación básica y fundamental: Por un lado, tenemos a todo lo relacionado con la docencia; la fabricación y venta de elementos de culto, de bibliografías, etc… Vale decir, las actividades de tipo secular, separadas de lo religioso o espiritual. Mientras que, por otro lado, se debe considerar a los rituales, las prácticas mágicas, las iniciaciones y la transmisión de conocimientos puramente religiosos.

Enfáticamente, hay que plantear que a todo lo que tenga que ver con la primer categoría, se le puede asignar un valor monetario. Es decir, puede ser ofrecido a nivel comercial. Nada de malo hay en vender productos (mientras los mismos sean de calidad y se lo haga a precios razonables) o brindar un servicio determinado por un coste dado.

Es obvio que si alguien ofrece el dictado de un curso, lo cual presupone años de preparación y estudio, el alquiler o la propiedad de un ámbito para las clases, la adquisición de material de estudio y otros gastos diversos, como tecnología, iluminación y demás, no tiene por qué dejar de percibir una razonable compensación monetaria por ello y, además, su tiempo, esfuerzo y dedicación, deben tener una legítima recompensa.

El problema surge cuando algunos pretenden “dictar” cursos sobre temáticas poco claras, mixturas inconexas o incluso inventadas para obtener dinero fácil.

Otro punto inaceptable, es que alguien trate de cobrar por cursos sobre el aspecto práctico de la religión (sea cual sea la tradición en cuestión). Conviene aclarar esto de manera contundente: Nada equívoco o poco ético existe en dictar un curso sobre, por ejemplo, “Historia de la Wicca”, “Introducción al Cultus Deorum” (paganismo romano) o “Mitología Celta I y II”. Pero es aberrante que se planteen cursos, seminarios o conferencias para “iniciar” a alguien en algo y que se le cobre por ello.

Para ser claros: Quien pretenda ofrecer algo como “Wicca I, II y III”, pretendiendo que al terminar el “tercer nivel”, la persona se convierte en un sacerdote o sacerdotisa del dicha religión, no sólo es un falsario, también es un enemigo del Paganismo.

Un sacerdote o sacerdotisa de cualquiera de entre nuestras tradiciones, es una persona que estudio y practicó durante muchos años, bajo la supervisión de quienes eran no sólo más conocedores que ella misma del camino a seguir, sino de quienes tenían la autoridad formal e institucional para ofrecer tales conocimientos y subsecuentes “ordenaciones”.

Resumiendo:

-No se debe cobrar por actos o conocimientos de tipo religioso o espiritual. Nunca es legítimo el hacerlo.

- No se puede, legítimamente, inventar nuevas “disciplinas” o cursos para ganar dinero. Si esto se hace, se está más cerca de ser un delincuente, que un verdadero pagano.

- No se puede cobrar por rituales, menos por “iniciaciones” de ningún tipo.

- Nadie se convierte en iniciado o sacerdote (o sacerdotisa) por hacer un curso y pagar una matrícula…

¿Y qué ocurre con las “mancias” u oráculos? Es decir, con el tarot, las runas, la astrología, etc… Pues obviamente (y sin entrar en detalle sobre la validez de cada una de estas disciplinas o de su relevancia o carencia de ella, dentro del Paganismo), si se ofrece un curso sobre tarot o runas, el docente no tiene porque hacerlo ad honoren.

Como se dijo, es legítimo cobrar por ello… Sin embargo, no lo es el mantener “consultas” de pago. Esa puede ser una actividad válida en algunos ambientes, pero no dentro del Paganismo o, por lo menos no, si la persona se “presenta” (para validar su actividad) como iniciada, sacerdote o sacerdotisa dentro del contexto pagano. Para ser claros: Si alguien quiere vivir de tirar el tarot o las runas, de hacer cartas natales, etc…, debe presentarse como tarotista, astrólogo/a o lo que fuere, pero jamás como parte de una tradición pagana.

Por otra parte, ¿Cual sería la postura frente a las “terapias alternativas”? En esto hay que ser también tajantes: Los paganos deberíamos ceñirnos al conocimiento científico, aprender que es real y que imaginario, discriminar entre las técnicas con bases sólidas, de las invenciones new age o producto de antiguas supersticiones.

Por lo anterior, las “terapias alternativas” podrán ser materia de análisis o evaluación desde diferentes puntos de vista, pero nada tienen que ver con el Paganismo. Quien mezcla ambas, irrespeta tanto a nuestras sagradas tradiciones como al conocimiento científico y a la medicina en general. Tal conducta no puede ser admitida dentro de nuestro colectivo, máxime si se pretende obtener rédito de ello.

Finalmente, es preciso dejar en claro lo más importante de todo esto: La religión, el culto a los dioses, la magia, los rituales sagrados y las formas de iniciación, NO PUEDEN ser enseñadas en un curso de pago, ni siquiera en uno gratuito… Deben ser transmitidas de manera reverente, sagrada; de boca en boca e individualmente; no en un tiempo predeterminado, sino en el que le lleve al aspirante el digerir y hacer propia la información recibida. Nadie tiene derecho a cobrar por estas cosas, y quienes lo hacen, son malditos por los dioses.

El conocimiento espiritual, religioso o mágico, se transmite sin condiciones, sin precios y sin buscar retribuciones. Pero además de ello, sólo pueden llevar a cabo esta tarea, quienes son entendidos en tales materias, aquellos que llevan muchos años de experiencia en el camino y quienes han transitado todas las etapas del mismo.

No se puede ser “maestro/a”, luego de dos años de habernos convertido al Paganismo, la Wicca o lo que fuere, ni podemos enseñar sin haber aprendido primero.

VI. Consejos para no ser embaucados:

Para terminar este artículo, quisiera aportar a quienes son noveles en las lides del Paganismo, a quienes recién comienzan a transitar este sendero, algunos consejos para no ser embaucados por falsos maestros o por pretendidos referentes de tal o cual tradición o disciplina…

1.- La edad no es sinónimo de sabiduría, pericia o conocimiento de las cosas. La experiencia no se adquiere automáticamente por ser mayor. Sin embargo, nadie creería que un joven de 20 años puede ser el decano de una universidad. Por tanto, del mismo modo, hay que estar atentos a la edad de los que enseñan u ofrecen “conocimientos” en nuestro ambiente. Nunca olviden preguntar a quien les ofrece un curso o seminario, cuantos años de experiencia lleva de estudiar y/o practicar la disciplina inherente a ello.

2.- Preguntar por las “credenciales”… A quien ofrece un curso o seminario, inquirirle dónde, cómo y cuándo se hizo experto en la materia y, de no recibir respuesta, pasar de ello lo más raudamente posible.

3.- Ante la presentación de nuevas escuelas de pensamiento, tradiciones eclécticas o cualquier cosa que presuponga la mezcla de dos preexistentes, solicitar información pormenorizada de las disciplinas originales por separado. Así, si por ejemplo, alguien pretende ofrecernos un curso sobre “gnósticismo egipcio”, pidan al supuesto docente, responsable del curso, que les explique brevemente, cuales son las bases de las creencias egipcias y cuales de las gnósticas… Ya que no es posible que alguien conozca sobre “gnósticismo egipcio” (en el caso de que tal cosa existiese), sin entender primero, en profundidad y cabalidad, ambas escuelas de pensamiento por separado.

4.- Usen a la Historia y la antropología como un “firewall”… Si alguien les dice que practica y/o ofrece algún servicio relativo a algo como “druidismo mazdeísta” o “kaballah maya”, comprendan que se trata de simples falsarios, de estafadores o alucinados. Nunca puede existir una escuela de pensamiento nacida de dos culturas que jamás entraron en contacto entre sí (como sería el caso de mis ejemplos, es decir: celtas y persas o hebreos y mayas, respectivamente).

5.- Desconfíen de los cursos rápidos o de las iniciaciones con tiempos prefijados. El camino pagano es largo, trabajoso; requiere constancia y perseverancia. Todo lo que huela a algo diferente debe ser dejado de lado.

6.- Cuando alguien pretenda ser representante de una tradición formal y establecida desde tiempo atrás, consulten a las instituciones originales (madres), antes de vincularse con ellos. En muchos casos, tales pretensiones no son más que imposturas, utilizadas para aprovecharse del prestigio de las organizaciones más antiguas.

VII. Conclusión:

En el ámbito del Paganismo, existen infinidad de actividades de diversa índole, muchas de las cuales son susceptibles de comercializarse legítimamente y otras que no deben serlo en modo alguno. Cada quien, utilizando su sentido común y asesorándose sobre la materia mediante la consulta a quienes considera referentes con experiencia, debe filtrar ambas cosas.

Esto es, no sólo para evitar la desinformación y las demoras en el progreso del aprendizaje. Sino, muy particularmente, para mantener a nuestro colectivo ajeno a las prácticas fraudulentas y limpio de toda contaminación de irresponsables o falaces gurúes de tipo new-age.

Cada quien es libre de optar y de seguir su camino como mejor le parezca, pero todos somos responsables por mantener la sacralidad y pureza de nuestras tradiciones y todos tenemos la obligación de exponer a los rufianes que intentan corromperla.-

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~ OscarCo ~
Oscar Carlos Cortelezzi
Junio, 2014
Buenos Aires, Argentina
reflexionespaganas.com
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